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martes, 1 de noviembre de 2022

viernes, 14 de octubre de 2022

Control de precios y subvenciones. Nada nuevo bajo el sol

 Rodrigo Rato 

15 de octubre de 2022 



Necesitamos urgentemente un debate a la americana, descarnado, sobre nuestro futuro energético común


Si nuestros padres o abuelos resucitaran hoy, seguro que se llevarían grandes sorpresas respecto al mundo en el que sus hijos y nietos viven. Reconocerían de inmediato el control de precios y las subvenciones, que ellos vivieron toda su vida. En efecto, la liberalización de mercados y la búsqueda de la máxima competencia en los precios son cosa relativamente reciente, más o menos desde la pasada década de los ochenta. Los norteamericanos con cierta edad recordarán el control de precios impuesto por Richard Nixon a principios de los setenta, los ingleses a finales de la misma década también lo intentaron. En realidad, a lo largo de la historia muchos, si no todos los gobernantes, los han aplicado. Algo así como la tercera recomendación al gerente de la Rusia soviética, la última y desesperada medida antes de dimitir, según el viejo chiste ruso de la época, cuando allí se podían hacer bromas.


Controlar los precios es una medida conocida, pero insostenible a medio plazo. Si fuera estable y eficiente, no se habría abandonado tantas veces. Además, resulta impracticable en un mundo globalizado de economías abiertas. Es ineludible que genere distorsiones al poder adquirir bienes o servicios por debajo de su coste. Emergencia es desde luego la palabra clave para justificar cualquier medida, sobre todo si le añadimos la palabra social. Y no cabe duda de que una crisis energética produce todo tipo de problemas, entre ellos sociales. Y estamos ciertamente en una, la más seria desde los años setenta, pero inevitablemente con características propias, entre ellas los riesgos medioambientales.


La raíz de los problemas

Precisamente, la confusión entre política medioambiental y la energética está en la raíz de parte de nuestros actuales problemas. Ambas son importantes y están fuertemente relacionadas, pero no son iguales. Es más, el empeoramiento de la segunda puede hacer inabordable la primera. El aumento del consumo del carbón en muchos grandes países emisores o la falta de nuevas inversiones en el sector del gas o del petróleo, incluso en el nuclear, auguran más emisiones y precios más altos en los próximos años, una endiablada combinación. Hace tres semanas, los productores norteamericanos de energía procedente del “fracking” dejaban claro que no vislumbraban nuevas inversiones, ante la falta de deseo de sus inversores de aumentar sus riesgos pese a los altos niveles de rentabilidad actualmente. La semana pasada, el ministro de Energía de Emiratos Árabes Unidos justificaba el recorte de la producción acordada por la OPEP en la necesidad de garantizar nuevas inversiones en el sector. Cuando no se encuentra dinero para ampliar actividades que son muy rentables es muy probable que la explicación esté en la regulación.


En este caso, los anuncios de prohibición y penalizaciones a los inversores en energías como el gas, nuclear o el petróleo en la próxima década se han entendido claramente por el mercado. Pretender impulsar nuevas conexiones transnacionales de gas por parte de Estados que quieren penalizar su uso en un plazo inferior a los diez años produciría ternura si no fuera chusco en un tema de gran transcendencia económica y social.

Subvenciones 

Los controles de precios traen aparejadas las subvenciones, medida que los países desarrollados llevan décadas desaconsejando a los países en desarrollo. Adicionalmente a la pérdida continuada de credibilidad de los primeros, incentivar el consumo de productos bonificando su coste real acaba indudablemente incrementando su consumo y por tanto el coste futuro de esas mismas subvenciones. Es cosa sabida, y hasta de cierta lógica, que los gobernantes están más interesados en el bienestar inmediato de sus ciudadanos que en la ortodoxia de sus políticas macroeconómicas. Pero olvidar que se avanza en un mundo de contradicciones crecientes tiene las patas muy cortas.

La virtud inevitablemente puede encontrarse en el camino de en medio. En los próximos meses los ciudadanos necesitaran ayudas, a ser posible bien diseñadas hacia los ciudadanos más vulnerables. Al mismo tiempo, será necesario plantear un mapa y un calendario de suministro energético realista, sostenible y coherente con las ingentes necesidades de inversión privada que son necesarias, incluida la política climática, pero también para mantener el crecimiento de la economía. Sin crecimiento no habrá política climática y es posible que lo mismo suceda también al contrario. Como estamos comprobando en la situación forestal española, el tiempo de las recomendaciones simples, bien intencionadas o no, ha pasado. Son necesarios planteamientos y políticas rigurosos y sostenibles, para empezar por las personas más directamente afectadas y técnicamente expertas. Una seria revisión y transparencia de los consejos medioambientales debe imponerse. Salir mucho en televisión no puede ser la garantía máxima de solvencia técnica. Nuestras universidades y empresas están dotadas del talento y el saber necesarios para hacer frente a este desafío, aunque no participen en sentadas y manifestaciones.

No es fácil desandar algunos de los dogmas que se han aceptado rápidamente. Pero es necesario hacerlo en determinados casos para conjugar las necesidades energéticas con las climáticas. Pocos sitios más representativos de este desequilibrio que la Unión Europea. Sus dirigentes parecen crecidos con su protagonismo en las recientes crisis de la covid y la guerra en Ucrania para demandar ahora poderes absolutos para futuras e indefinidas crisis. Pero la energía es mucho más compleja y está más ligada a las necesidades nacionales esenciales que las vacunas. Muchos votantes europeos, de norte a sur y de este a oeste, cada vez se inclinan más por posturas nacionales. Nadie puede esperar que no haya tensiones en el mayor experimento en la historia de integración de países. Desde la pesca a los fertilizantes, las previsiones de inflación pasando por las características técnicas de las chimeneas, la integración de empresas industriales o tecnológicas, la energía nuclear o el uso del gas, las autoridades europeas han dado repetidas muestras de estar lejos del acierto. Y ese es el único camino para ganar la credibilidad que los ciudadanos europeos demandan. Criticar a las instituciones europeas no equivale a ser antieuropeo, como también sucede a nivel nacional. Mejor que se vayan acostumbrado. Necesitamos urgentemente un debate a la americana, descarnado, sobre nuestro futuro energético común, con la participación de verdaderos expertos, si queremos tener un debate medioambiental.

Los controles de precios son solo una medida temporal donde al final siempre acaba aflorando el coste real. La subida del precio de la energía, sobre todo de origen fósil, era una realidad antes del estallido de la guerra en Ucrania. La falta de coherencia técnica y temporal entre la regulación y las necesidades reales es desde hace tiempo un mal de nuestros días. Pero en el ámbito de la energía resulta casi insoportable. Además, la línea divisoria entre subvenciones y ayudas de Estado es muy tenue. Según el economista danés Erik Nielsen, el conjunto de los países de la UE ha comprometido el 5% del PIB conjunto en ayudas a empresas y familias para compensar los altos precios energéticos. En el último mes Alemania ha aprobado hasta 300.000 millones de euros adicionales. Como siempre en la UE, el momento de hacer excesos es cuando los alemanes los hacen, después volverán a estar prohibidos. España carece de recursos públicos para realizar semejantes esfuerzos, son por lo tanto los fondos europeos Next Generation nuestra única y última oportunidad. ¿Seremos capaces esta vez de utilizar todos estos recursos a tiempo? Se admiten apuestas.

sábado, 30 de julio de 2022

Cambio en la Fiscalía General, ¿por qué no limpiar la casa?

 Rodrigo Rato

 25 de julio de 2022 


El Gobierno ha anunciado el cambio en la Fiscalía General del Estado, una de las responsabilidades jurídicas y políticas más relevantes. Una propuesta que ha recibido ya el aval del Consejo General del Poder Judicial, que en todo caso no es vinculante, como tampoco lo es la opinión del Congreso. Estamos pues ante una nueva etapa.

Momento único para plantearse qué cambios serían necesarios en esta institución para alejarla de los hábitos inquisitoriales y corporativos que la dominan. Yo no soy un jurista, pero los últimos diez años de mi vida he estado y estoy sometido a procedimientos penales en los que he descubierto realidades que desconocía en más 25 años de vida pública.

El principal obstáculo del nuevo fiscal serán los propios fiscales, cómodos y orgullosos por no tener en sus filas ni a uno solo de sus miembros condenado por algún motivo. Pero sin otra forma de ejercer sus responsabilidades, la calidad de nuestra Justicia se está resintiendo gravemente.

Todos los antecesores del nuevo fiscal general Álvaro García Ortiz han insistido en que las investigaciones prospectivas están prohibidas, como recoge la ley, aunque la Fiscalía General nunca ha denunciado que sean un delito cuando se efectúan, cosa que sucede con más asiduidad de la que se conoce públicamente.

Los tribunales desautorizan con demasiada frecuencia estas investigaciones realizadas por parte de determinados fiscales, unas rotundas descalificaciones que lamentablemente no llevan aparejadas ni siquiera la condena en costas a la Fiscalía. Buen momento para que el nuevo fiscal proponga una figura delictiva por la investigación prospectiva por parte de fiscales, o al menos sanciones reglamentarias muy graves y compensaciones a las víctimas. Todavía con más motivo debería pronunciarse respecto a las investigaciones secretas, a menudo denunciadas en sentencias pero sin consecuencias para los funcionarios que las ejecutan.

Las filtraciones de sumarios secretos son el delito más flagrante y menos perseguido de nuestra realidad jurídica. No es perseguido aunque se denuncie formalmente, con el argumento de que «se desconoce quién lo ha cometido». Razonamiento sorprendente porque sólo pueden ser responsables de su comisión el instructor o el fiscal.¿ Se comprometerá el nuevo fiscal general a su persecución automática, estableciendo un responsable directo en su equipo?

Sorprende mucho al conocer el estatuto fiscal la brevedad de los plazos de prescripción, que para las infracciones muy graves es de dos años desde su comisión. Si esto se compara con el promedio de instrucción de un sumario, se comprueba la imposibilidad material de que un imputado pueda hacer uso de este derecho. ¿Se atreverá el nuevo fiscal general a modificar estos plazos?

Según la memoria de la Fiscalía General, el número de causas pactadas se acerca al 50%. Es ésta una práctica extraña a nuestro ordenamiento, pero cada vez más usual. ¿No debería la institución darle máxima transparencia, especificando tipos, hechos, cuantías, para ofrecérsela a todo ciudadano, con una ventanilla pública al efecto?

Dentro de estos acuerdos muchos se producen con demasiada, muchísima frecuencia, con presos preventivos a los que se les ofrece, mientras están en la cárcel, un acuerdo de culpabilidad por el tiempo ya cumplido en prisión preventiva, más una multa simbólica. ¿Es legítimo negociar con una persona privada de libertad? ¿ No serán coacciones? ¿Cómo puede mantenerse una situación de prisión preventiva, que tiene tres causas tasadas, con este tipo de ofertas?

La Fiscalía General y todas sus fiscalías dependientes tienen cada vez medios humanos y técnicos más importantes a su servicio. Lamentablemente, estos siguen investigando cuando una causa cuando ya ha intervenido un juez, de espaldas al instructor y a la defensa. ¿Podría el nuevo fiscal general imponer criterios claros y transparentes sobre esta cuestión?

La jurisprudencia debería ser aplicada por la Administración de oficio, como también la prescripción. Máxime en un cuerpo jerarquizado como la Fiscalía. ¿Puede el nuevo fiscal general garantizar que será así, bajo responsabilidades disciplinarias y pagos en costa en caso contrario?

¿Las detenciones llevadas a cabo por los fiscales deben hacerse con la presencia de la prensa y ser previamente anunciadas? En España son numerosos los casos en los que las actuaciones de la Fiscalía Anticorrupción y de la UCO van acompañadas por cámaras de televisión. ¿Puede cambiar esta práctica el nuevo fiscal general?

La igualdad ante la ley es un principio fundamental de cualquier sistema democrático. Nuestro Tribunal Constitucional reiteradamente ha establecido que la discriminación por “alarma social” es inadmisible. Sin embargo, a menudo los fiscales utilizan este concepto en sus argumentaciones y no se oponen a su uso en resoluciones judiciales. Dado que la Fiscalía es un cuerpo jerárquico, ¿cambiará el nuevo fiscal general esta práctica?

En el debate público sobre la justicia en España sobresale la preocupación por su politización, pero quizás sea tan grave como eso el corporativismo. Suerte señor fiscal general, mucho del bien común depende de que su institución supere su estado actual. De usted depende.

Rodrigo Rato analiza la situación económica

 Rodrigo Rato en 'Negocios TV'



domingo, 19 de junio de 2022

Escrito de defensa de Rodrigo Rato

 Escrito de defensa de D. Rodrigo Rato Figaredo sobre las imputaciones del Juzgado Nº 31


viernes, 3 de junio de 2022

Un mercado bajista

Rodrigo Rato 

4 de junio de 2022 



Para muchos inversores y operadores de mercado las cosas han ido bastante bien desde principios de los años 80, cuando empezó el largo y continuado descenso de los tipos de interés. En el caso de los bonos del Gobierno norteamericano, desde cifras de dos dígitos superiores al 15% a cero. En el caso español, además de cambiar de pesetas a euros, desde 2014 por la acción del Banco Central Europeo muchas emisiones de nuestra deuda pública han sido a intereses negativos. En el caso del mundo, 14 billones de dólares estaban a intereses negativos el año pasado. Ahora prácticamente ninguna emisión pública lo está, con excepción de Japón. Según el «Financial Times» se han producido ya incrementos de tipos en 60 países.


Lo anterior no quiere decir que durante este largo periodo las bolsas no hayan tenido caídas, incluso significativas como en 2002, 2008 o 2020, pero siempre con rápidas recuperaciones hacia nuevos techos. Largos años de cada vez más beneficios bursátiles y menores tipos de interés. Lo nunca visto para inversores y deudores. Con la aparición en 2021 de inflaciones significativas, la situación ha cambiado de manera importante. Unido a una crisis energética mundial de las dimensiones setenteras, seguida de una guerra en Ucrania y una emergencia alimentaria. Las sucesivas redes de seguridad de los bancos centrales y gobiernos se están retirando. Ahora son el beneficio y el margen los que definen el valor de una compañía, además con una tasa de descuento sensiblemente superior al subir los intereses. Otro mundo.


10 años de parálisis en la UE

Inevitablemente, la mayoría de nosotros esperamos que las malas situaciones duren poco. Es más, pensamos que las cosas antes o después volverán a la «normalidad». Sin embargo, el principal mensaje de los mercados no es sobre una temporada bajista, más o menos larga. Es sobre un profundo y duradero cambio, además de un mercado bajista. Las dos principales economías del mundo, Estados Unidos y China, tienen problemas de inflación o de crecimiento, lo suficiente para producir importantes cambios en sus economías. China ha sido el responsable del 50% del crecimiento mundial los últimos 20 años. EE UU es el mayor importador del mundo. La tercera economía global, la Unión Europea, lleva más de 10 años estancada, sufre la peor guerra desde 1945, una necesaria y urgente transformación energética, junto con la inflación más alta en la historia del euro.


“Confluencia de calamidades”

Toda esta retahíla de tragedias, «confluencia de calamidades» en frase del Fondo Monetario Internacional, son plenamente conocidas. Es lo que ven los mercados y por eso son bajistas. Además, como consecuencia de las crisis, desde 2008 el nivel de deudas públicas globales esta cerca del 100% de la renta, en el 124% en los países desarrollados. El nivel mundial de deudas, públicas y privadas, supera ya el 250% del PIB mundial, alcanzando los 296 billones de dólares, según el Fondo Monetario Internacional. Situaciones que agravan las consecuencias de la subida del coste del dinero y la reducción de la liquidez. Malo para los mercados y para las políticas presupuestarias. La caída de la inversión privada, que llevamos años experimentando en la OCDE, ya no será compensada por el dinero ultra barato y la especulación. Quizás ha llegado la hora de preguntarse por qué los ahorradores de países ricos invierten fuera de sus economías, o al menos lo hacían hasta ahora en este siglo.


La gran revolución tecnológica no se traslada a la productividad o bien no sabemos medirlo. La regulación hace tiempo que ha dejado de ser atractiva para los inversores y estamos ya entrando en el llamado «estancamiento secular», tan anunciado por varios economistas norteamericanos. Así, si ya no son las expansiones monetarias y fiscales las que van a impulsar el crecimiento, solo lo hará un sostenido aumento de la productividad. Desde hace casi 40 años, además de la caída de los intereses, han sido los aumentos de la productividad originados por la mano de obra barata de los países emergentes los que lo han impulsado. Ese ciclo se ha frenado, sobre todo en China. Las recientes olas proteccionistas en los países desarrollados buscan la producción nacional, por razones electorales y de seguridad. No podemos quejarnos de tener más inflación si apostamos por los salarios de los trabajadores en vez de por los precios de los consumidores.


La factura energética

Pero el elefante en la habitación es la energía, como en los años 70. Un experto nada imparcial, pero conocedor, el ministro Saudí de petróleo, Abdulaziz Bin Salman, nos ha recordado recientemente que «si no fomentamos la inversión, obtendremos precios altos antes que superar el cambio climático». En ningún sitio es esto más evidente que en la UE, donde solo los objetivos medioambientales son evidentes, mientras las contradicciones con la realidad energética se disparan. En Europa y todavía más en el resto del mundo vivimos en economías que demandan más energía cada año. La supresión política del carbón y el petróleo, la indefinición sobre el gas y la energía nuclear, no se están cumpliendo. Mientras, se anuncian prohibiciones sobre los usos privados y empresariales de determinados combustibles, penalizaciones sobre su inversión, que representan más de un tercio de la oferta actual. Como el ministro saudí nos anuncia, interesadamente desde luego, los precios no dejan de crecer y con ellos la inflación. Una presión constante sobre los bancos centrales para subir tipos en economías que ya no están en expansión. Esto también lo ven los mercados y por eso son bajistas.


Mejores condiciones para la inversión en un mundo donde sobra ahorro deben ser una prioridad nacional. El reciente fracaso de los intentos de fijar un impuesto mínimo de Sociedades en la OCDE nos lo está diciendo. En el espacio de un año los países vuelven a buscar atraer inversiones. Pero no serán los impuestos bajos en un momento de grandes deudas públicas la principal solución, sino una regulación más inteligente y realista. El papel lo aguanta todo, pero el crecimiento económico no. En España, ningún gobernante parece ser consciente de que los plazos legales sólo se le aplican al ciudadano, pero no a las Administraciones, aunque el único inversor efectivo sea aquel. En esto también el tiempo es oro.


Una política de mix energética realista y coherente con los objetivos medioambientales y con el consumo actual es otra prioridad si queremos inversiones que bajen el precio de la energía hoy. Las trampas en el solitario no nos sacarán del mercado bajista actual. ¿Quién debería tener prisa y poner los medios? Pues eso.

martes, 8 de marzo de 2022

Guerra económica: el final de esta globalización

 Rodrigo Rato 

9 de marzo de 2022 


Coincidiendo con la emisión del estupendo documental “la primera globalización” de José Luis Linares, donde se analiza la unión económica de China con España en el siglo XVI, a través de la plata del Nuevo Mundo y unos navegantes prodigiosos, asistimos al fin de la más reciente globalización, la actual que empezó entre los años 1970 y 1980 del pasado siglo, incluso antes con el comienzo de las Rondas Uruguay y Kennedy, en plena Guerra Fría. 


Final no quiere decir desaparición. Muchas cosas de esta época van a perdurar, pero el predominio del libre comercio, del que se esperaban tantas cosas, ha quedado sometido no ya al proteccionismo, sino a la seguridad nacional. Cuando Donald Trump empezó a invocar este argumento casi todos los expertos alzaron ojos y brazos para denunciar su exageración. Sin embargo, estos días las democracias del mundo utilizan activos financieros y comerciales, públicos y privados, para enfrentarse a un adversario, la Rusia de Putin que por primera vez desde 1943 ha atacado militarmente las fronteras de un Estado europeo. 


Sin duda los valores de defensa de la libertad, integridad e incluso la vida de los ucranianos justifican las medidas. Los cambios en las reglas de relaciones económicas tendrán importantes consecuencias, a corto y a largo. Ya vemos unas subidas de precios energéticos de la intensidad y velocidad de las crisis del petróleo de los años 1970. Las tensiones inflacionistas, que, ya llevan un tiempo con nosotros, sea acrecentaran reduciendo aún más las rentas disponibles de los ciudadanos. Las recuperaciones materiales sobre los efectos de la covid se harán muy difíciles para aquellos países que aún no las hubieran conseguido. Retomar el nivel de expansión anterior a 2020 se ha vuelto casi imposible para todas las economías. 


La última globalización trajo crecimiento y empleo, menores costes y precios, con el incremento de la inversión y el comercio. Disminuyó la pobreza a nivel mundial, aunque la mano de obra industrial de los países desarrollados padeció una competencia en los salarios. Multinacionales y consumidores fueron los grandes beneficiarios, junto con la llamada economía financiera que se desarrolló varias veces por encima de la real. China y Estados Unidos comenzaron las primeras rondas proteccionistas a partir de 2017, centradas en subidas mutuas de aranceles. Ahora en un paso más se han introducido la guerra económica y Financiera sobre individuos y Estados, como alternativa a la utilización de las armas, desde luego mucho menos cruenta, pero con efectos transcendentales. 


Energía, finanzas, agricultura, inversiones y capitales han sido sometidas en días a las exigencias de seguridad nacional. Las economías desarrolladas parecen haber llegado a la conclusión de que el intercambio creciente de bienes y servicios resulta peligroso con determinados países con regímenes totalitarios. Según esta lógica el gas, el petróleo, el trigo o el girasol rusos engordan a un régimen amenazante, como también lo hacen sus inversores y turistas. Es más que relevante que las opiniones públicas occidentales han reaccionado de la misma manera que sus gobiernos, incluso se podría decir que estos se han visto forzados a actuar al ver a decenas de miles de votantes en las calles a favor de los ucranianos. Lo que no paso con georgianos, chechenos o sirios ha pasado ahora. La Rusia de Putin se ha convertido en el enemigo de los europeos, cuando hasta hace días nadie le prestaba atención, reconociéndole incluso fama de gran estratega. Las voces que argumentaban a favor de las demandas rusas han quedado anuladas ante las imágenes de guerra agresora y cruel por parte de los rusos sobre los ucranianos, quienes no dejan lugar a dudas de su firme deseo de ser independientes. 


Cabe la tentación de limitarnos a medir quien perderá más, partiendo de la base que serán los ucranianos. Es difícil saber si a los gobernantes rusos les importa la ruptura económica y financiera con Occidente, si la previeron, pero prefirieron actuar con la lógica de Catalina la Grande. Caben todas las opiniones, pero si el ministro francés de Economía tiene razón y 1.000 billones de dólares rusos se han visto afectados estamos ante un castigo económico muy considerable, para un país con una renta per cápita de 8.000 dólares anuales, que en 30 años desde la caída del comunismo se ha convertido en un gigante en la venta de materias, pero de poco más. Rusia no es China.


Es difícil separar todo esto de la decidida decisión de los gobernantes chinos de convertirse en la primera potencia mundial, tecnológica, económica y política e incluso financiera en los próximos decenios. Si Putin busca depender más de China que de la Unión Europea nadie nos lo ha dicho, pero es la dirección de los acontecimientos. La venta de energía y otras materias primas rusas sólo puede ir en esa dirección. El rublo no es ni será una moneda reserva, el renminbi quiere serlo respaldado por la primera economía del mundo medida en precios relativos. Los inversores rusos, grandes y pequeños, habían apostado sin embargo por Europa para invertir, acomodar sus ahorros, comprar sus casas y viajar. ¿Pensarán lo mismo de las oportunidades y garantías chinas?


Otros aspectos, los militares y los energéticos, también han variado. Alemania ha anunciado que invertirá más que Rusia en defensa cada año, los países europeos del Este harán lo que puedan y abrirán aún más las puertas a los soldados norteamericanos, con gastos pagados. China habla de 200 mil millones de dólares a invertir en defensa. La UE tendrá que desarrollar una política energética mucho menos dependiente de materias rusas, los inversores europeos en ese país tienen ya pérdidas considerables con el abandono de participaciones y redes comerciales como para volver en el corto plazo. Rusia no tiene ni el capital y ni los conocimientos para compensar en solitario estos abandonos. Los chinos podrían ser una ayuda, con dependencias políticas y económicas fáciles de imaginar, pero difíciles de entender. Mucho es ya inevitable. La guerra no ha acabado pero los costes económicos se están materializando muy deprisa. Nuestros modernos mercados financieros lo anticipan todo, esto también. 


La libertad económica mundial ha quedado supeditada a la seguridad nacional de los Estados antes de que los ucranianos hayan perdido la suya, que esperemos que para ellos no sea así. Para la economía mundial más inflación y menos crecimiento nos devuelve a los 1970. El Banco Mundial avisa de 57 millones más de pobres en el mundo. Nuestras políticas monetarias expansivas con muy bajos intereses y compras masivas de deuda pública, 12 billones durante la pandemia, aterrizan de repente en el más complicado escenario posible. Subir tipos aparece suicida mientras los precios sobrepasan en mucho los objetivos. Dejar de comprar deuda pública empujará a políticas fiscales restrictivas mientras nuestras economías padecen crecimientos débiles. Los grandes cambios políticos y sociales siempre se producen cuando las contradicciones económicas resultan insolubles. Todo apunta a que febrero de 2022 será un antes y un después de nuestra realidad.


jueves, 3 de junio de 2021

Razón de Estado

 Rodrigo Rato 

4 de junio de 2021 

En pocas cosas habrán estado de acuerdo todos los gobernantes españoles desde 1870 como en la prerrogativa del indulto. En estos 150 años las prioridades de los Gobiernos han variado de un lado a otro. Pero todos han retenido el poder de perdonar las penas impuestas por los tribunales, con el sometimiento al “interés general”, entendido según quien y como lo veía. No ha habido muchos casos como el de 2013 de  ver revocado  un indulto, en aquel Gobierno de funcionarios muchos juristas. La verdad es que en todos los países y en todas las épocas los Gobiernos han tenido y tienen este poder, un  rescoldo del “Ancien Regime” pre revolucionario. Una oportunidad de tomar decisiones por encima de las leyes.

Desde 1978 los gobernantes españoles se habían mantenido alejados de usarlo con fines estrictamente políticos, salvo ahora para “solucionar el conflicto catalán”. No pretende el actual Gobierno basarse en criterios jurídicos sino estrictamente políticos. Tampoco ha buscado el consenso con otros partidos nacionales, ni se basa en una promesa electoral, antes al contrario. El propio Tribunal Supremo, responsable de la sentencia del procés, le ha recriminado un autoindulto, habida cuenta que sus directos beneficiarios mandan sobre los partidos que mantienen al propio Gobierno. Es desde luego un camino sin retorno para sus protagonistas. Pedro Sánchez une su destino y el de su partido al resultado de concederlo. Es decir a un arreglo con los indepes. Estos ya han advertido que quieren más: una mesa de diálogo de igual a igual para convocar un referéndum. Este solo podrá ser consultivo y será exclusivamente en Cataluña. En base a su resultado se impondrá una solución política, la constitución de un Estado parasito.

Esta intención estaba en las llamadas leyes de desconexión aprobadas forzadamente por el Parlamento catalán en septiembre de 2017. Según ellas los ciudadanos de la nueva República mantendrían la doble nacionalidad, asegurándose así  la pertenencia a la Unión Europea y al euro,  junto con sus derechos como ciudadanos españoles aunque sus deberes serán con el Estado catalán, que heredaría  los activos y derechos del Estado español. Este por su parte  absorbería las deudas históricas de la Comunidad Autónoma de Cataluña y de sus Ayuntamientos. Bien pensado, no?

El Gobierno recuerda como precedente  la negociación con ETA de Rodríguez Zapatero, olvidándose que acabó con un atentado mortal en la T4 y que fue el siguiente Gobierno quien obtuvo el abandono incondicional de las armas por parte de los terroristas vascos. Ni una ley fue modificada para que esto sucediera, ni antes ni después. La sociedad española no se siente derrotada por ETA  y con razón. ¿Pasará lo mismo ahora?  Hay graves riesgos de que no sea así. Zapatero si legalizó Bildu, otra vez en contra de una Sentencia del TS, con el imprescindible concurso del Constitucional. ¿Están la mayoría de los españoles satisfechos de ello? Nadie lo sabe.

Es cierto que fue de Gaulle quien abandonó Argelia, Nixon Vietnam y Gobachov la Unión Soviética. Como lo es también que no a todos se lo agradecieron sus conciudadanos. Eran casos extremos, cabe preguntarse si los deseos de independencia en Cataluña lo son, ya que no son ni mayoritarios. En política los resultados pueden justificar los medios, si hay mayoría de satisfechos. De lo contrario la búsqueda de culpables es inexorable. En este caso es muy probable que en el conjunto de España no se produzca satisfacción mayoritaria. Además de la creación de un peligroso precedente para el futuro de la integridad territorial de España. Ni siquiera en Cataluña hay garantías de una amplia satisfacción. La manera de gobernar de los independentistas no ha sido hasta ahora muy inclusiva. Se aduce que los autores del indulto cuentan con que la memoria de los electores es flaca. Apuesta arriesgada donde las haya.

Puede que después de  los indultos el Gobierno se niegue al referéndum. Entonces habrá muchas tensiones, pero se habrá ganado tiempo y el fantasma de un futuro Gobierno del Partido Popular con Vox puede frenar muchos furores independentistas, aunque  también puede avivarlos para aprovechar una ocasión que se perciba como la última. Lo que no cabe duda es que el Gobierno Sánchez da un paso hacia lo desconocido e  inmanejable, en una situación económica y social muy difícil. Todos los malabaristas tienen un tope de bolas en el aire.

miércoles, 26 de mayo de 2021

Monedas privadas

Rodrigo Rato 

27 de mayo de 2021 


No hay muchos activos que aumenten su valor de 1 a 40 en 7 años. La aparición hace 12 años de una moneda privada, solo existente en internet, de producción limitada pareció entonces  algo esotérico y marginal. Esta semana tanto las autoridades de Estados Unidos como las de China han actuado  decididamente contra ella. Su valoración se ha resentido pero todavía ronda los 40.0000 dólares, 1/3 menos que hace 3 meses pero 6 veces más que hace dos años, con 225.000 transacciones diarias. Todas las Autoridades Monetarias de los países más importantes han primero desaconsejado su uso para después limitarlo al máximo. Las razones son muchas.

Nada respalda el valor del Bitcoin sino la confianza en su futuro, inversamente proporcional a la desconfianza en las monedas nacionales, apoyadas en economías altamente endeudadas,  con poblaciones envejecidas. Todos somos testigos conscientes de que nuestros Gobiernos expanden el gasto para relanzar las economías, emitiendo deuda que compran los respectivos Bancos  Centrales. La principal economía del mundo, EE.UU., inunda los mercados con deuda en dólares en más de 2 billones de dólares por año. Los Gobiernos de varios países euro colocan la mayoría sino la totalidad de sus bonos en el Banco Central Europeo. Lo mismo sucede en Japón, cuyo Banco Emisor es el mayor tenedor de acciones en su bolsa. Nadie sabe el volumen de deterioros de la banca estatal China, pero no serán pequeños. Es cierto que las monedas nacionales están respaldadas por sus economías, pero también por su fuerza, aunque desde 1970 el oro abandonó su papel de respaldo ¿Será el Bitcoin el nuevo refugio?

También hay aspectos de opacidad que inicialmente jugaban a favor de la moneda digital privada, pero los últimos movimientos  oficiales en EE.UU. obliga a sus ciudadanos a declarar su propiedad. Pronto lo harán otras circunscripciones. Aunque su carácter privado y digital deja abierta posibilidades de cierta opacidad, casi imposible para las monedas reguladas. Por si fuera poco su producción es muy intensa en consumo de energía. El Bitcoin no es todavía un instrumento de cambio o de compra, los demás activos no se valoran por ellos. Es de momento un valor puramente especulativo, su precio está en las expectativas de ser un adelanto tanto de fuerzas negativas como positivas: las  futuras quiebras de los Estados y el dinamismo de la economía digital. Hipótesis las dos muy especulativas, pero que recogen percepciones reales.

El aspecto digital ha sido recogido por los Estados que anuncian ya la emisión de sus propias monedas digitales, con efectos muy profundos para sus sistemas bancarios cuyo papel en la creación de liquidez y manejo de los instrumentos de pago y ahorro puede verse seriamente comprometido, ante la alternativa de monedas digitales de cada Banco Central. Al fin y al cabo si la digitalización reduce e incluso elimina la intermediación en la economía, parece inevitable que también afecte al negocio bancario. Una de las  fuerzas que empuja a retrasar las monedas nacionales digitales, mientras el Bitcoin y otros intentos presionan en la dirección contraria. 

La erosión del dólar como moneda global dispararía las alternativas privadas. Sus dos posibles sucesores, el euro y el reminbi,  carecen de la confianza necesaria para ocupar plenamente su puesto. El primero no tiene todavía un mercado único bancario ni de capitales. El segundo está demasiado sometido a las necesidades políticas del Partido Comunista Chino. Así es más que posible un largo mantenimiento  del papel global del dólar, perdiendo protagonismo y atractivo, máxime cuando sus Autoridades no lo quieren demasiado fuerte y sus ciudadanos no ahorran lo suficiente para financiar su propio crecimiento. Quizás fue muy prematuro considerar al Bitcoin como algo asentado, pero es difícil sentenciarlo ya. La desintermediación  digital también llegará a los monopolios estatales. De estos la emisión de moneda es el más significativo. La crisis financiera del 2008 sepultó muchas confianzas. Todavía no conocemos cuantas.

jueves, 20 de mayo de 2021

La gran apuesta

 Rodrigo Rato 

21 de Mayo de 2021 

No se trata ya de adivinar quien ganará la guerra tecnológica entre China y Estados Unidos, ni si Rusia y la Unión Europea se enfrentarán por Ucrania, tampoco la posibilidad de una guerra de Israel con Irán y como intervendría Arabia Saudí en su caso, ni siquiera el valor de equilibrio del Bitcoin. Donde se concentran las miradas y las apuestas es en la evolución de la inflación y sus consecuencias, en un mundo muy endeudado, sobre todo las economías emergentes y los Estados desarrollados. El fin de unos tipos de interés históricamente bajos, incluso en cero o negativos, revertiendo el ciclo de los últimos 30 años, tiene a las mentes concentradas.

La inflación es un viejo conocido de las economías, que causaba monumentales pérdidas de poder adquisitivo y exigía políticas fiscales austeras. Su importancia fue cayendo, pasamos de los dos dígitos anuales en la mayoría de los países en los 1980 al riesgo de deflación después de 2008. La competencia globalizada  y la desregulación frenaron el crecimiento de los salarios en los países desarrollados. Crecimientos económicos moderados y la eficiencia energética frenaron el precio del petróleo. Ni siquiera el boom de materias primas provocado  por China a partir del año  2000 elevaba los precios al consumo. Las expectativas de inflación de consumidores y mercados estaban ancladas en los objetivos de los Bancos Centrales, alrededor del 2% anual en los países desarrollados. En los emergentes  alzas de  dos dígitos anuales se convirtieron en excepción. 

Pero las cosas pueden haber cambiado. China lleva varios meses con los precios al consumo en alza, EE.UU están en el 4% y puede superarlo en 2021 en una expansión económica del 6%, todas las materias primas llevan meses con  alzas de dos dígitos. Sin embargo, empleo y salarios todavía no se han recuperado. Si Norteamérica es un ejemplo, se ofrecen empleos pero muchos exigen nuevos conocimientos. El desánimo reduce las poblaciones activas porque algunos dejan de buscar. Pero la gran cuestión está en los Bancos Centrales, que a lo largo de los últimos dos decenios han pasado de vigilar  en exclusiva la inflación a tener un ojo y medio en la estabilidad de los mercados financieros, cuyo desarrollo es uno de los grandes acontecimientos junto con la globalización del último tercio del siglo XX. Todo ello mucho más en EE.UU que en Europa o China, pero la dirección es la misma.

Estos mercados han sido y son los grandes beneficiarios de las políticas monetarias expansivas y los ultrabajos intereses, utilizados para salir de la Gran Recesión de 2008. Salimos pero con mucha mayor desigualdad a favor de los inversores financieros. En 2020, la COVID trajo además un activismo fiscal no visto desde los 1960. No quedaba otra con caídas del PIB en todo el mundo. Trump bajo impuestos y Biden aumenta los gastos, los dos a lo grande. El déficit público de EE.UU rondará el 10%, el mundo está inundado de deuda pública norteamericana cuando ni demócratas ni republicanos quieren un dólar fuerte. La masa monetaria en sentido amplio crecía al 6% los últimos años, en 2021 crecerá al 28%. Para unos con esto basta para predecir inflación sensiblemente por encima del 2%. Para otros sin una explosión de salarios, incompatible con el actual nivel de desempleo, los precios subirán pero solo momentáneamente. Las expectativas de inflación prevén una inflación del 3% o más. La Reserva Federal anunció al final del pasado verano que no reaccionará si se supera su objetivo del 2% anual, habida cuenta en casi 10 años no lo ha alcanzado. En la zona euro esto es aún peor, la inflación subyacente no supera el 1% desde hace mucho más tiempo.

Los masas son extraordinarias. Incluso con intereses históricamente bajos, la deuda pública comprada por los  principales Bancos Centrales ha multiplicado sus balances por tres. Italia, por ejemplo, ha vendido al Banco Central Europeo la totalidad de su emisión neta de deuda, desde 2014. Con estas dimensiones pequeñas subidas de tipos pueden convertir el servicio de la deuda en una gran losa. La crisis del 2020 deja  grandes deudas privadas  también. El peso del mercado del dólar es irresistible. Cuando sus tipos a largo han empezado a subir arrastrando a los del euro, pese a que allí se crece bastante y aquí no. Las materias primas suben en parte por  una capacidad productiva estancada desde hace años por falta de inversión, pero también por China y EE.UU. que recuperan ya su nivel económico pre 2019. Gran noticia!!, pero puede que incompatible con  tan bajos intereses. ¿Qué nos viene mejor dinero  muy barato o  fuerte crecimiento económico? Los mercados parecen preferir lo primero, que es lo que llevan disfrutando 10 años. Los Gobiernos quieren las dos cosas. Los banqueros centrales temen no tener ninguna.

Quizás la respuesta está más en la historia que en la teoría económica. Las grandes aumentos de deuda se saldan o con crecimiento o con inflación o dejando de pagar. A veces una detrás de otra. La zona euro va con retraso en crecimiento y no tiene inflación, si descontamos la energía, pero las montañas de dinero arrastran a todos. Mal momento para no saber que hacer. Lo peor sería acabar con tipos al alza con poco crecimiento. Sería mala suerte pero no es imposible.

jueves, 13 de mayo de 2021

Inestabilidad

Rodrigo Rato 

14 de mayo de 2021 

La decisión del Gobierno de plantear Mociones de Censura, entre el Partido Socialista y Ciudadanos, en Murcia, Castilla y León  y posiblemente Madrid, ha resultado en el mayor fiasco político en muchos años. Para empezar las  Mociones presentadas fracasaron, pero también dieron lugar a un anticipo electoral en Madrid que ha rehecho el mapa político en esa Comunidad, pero con reverberaciones en toda España. Como consecuencia el espacio electoral del PSOE no solo no se ha agrandado sino que ahora lo comparte con una tercera fuerza, Más Madrid, que incluso le aventaja. Sin que tampoco Podemos haya disminuido. El deseado  objetivo de una seria  oportunidad  electoral para el socialismo en el entorno de los 140 diputados se ha esfumado. Como lo han hecho las posibilidad de un anticipo electoral, apoyado en dos motivaciones: evitar el desgaste de una coyuntura   económica y social pesimista en el medio plazo, junto con aprovechar una situación postrada para la dirección nacional  del Partido Popular, después de malos resultados en el País Vasco y Cataluña. Al contrario el PP ha ensanchado su base a costa de Ciudadanos, lo que le sitúa en un objetivo electoral cercano los 115 escaños.


El alejamiento del horizonte electoral hasta después de las próximas elecciones Autonómicas y Municipales en mayo 2023 da especial influencia a los socios independentistas del PSOE, que son todos anti españoles pero algunos introducen además  altos niveles de inestabilidad política y financiera. Así El Partido Nacionalista Vasco y Bildu son independentistas pero mantienen la estabilidad donde gobiernan, lo que no es el caso de Esquerra o Junts per Cat. La creciente tensión en la vida política y económica catalana será un lastre para la mayoría parlamentaria en España estos próximos años. A diferencia del caso Vasco, el independentismo catalán no tiene un modelo político viable, fuertemente rechazado por al menos la mitad de su población. Además de asentarse en el principio que todo ha de sacrificarse a ese inestable objetivo, empezando por el desarrollo económico y social. Por el contrario, el PNV traslada una eficacia en la gestión atractiva para todos. Aunque están por ver los efectos en su opinión pública de la gestión de la pandemia en el corto plazo y la rentabilidad del Concierto, asentado en impuestos directos sobre rentas personales y empresariales, en un plazo más largo.

La inestabilidad de sus alianzas parlamentarias y de su propio espacio político son muy peligrosas para cualquier Gobierno, sobre todo en las segundas partes de las  Legislaturas. Estas son menos propicias para llevar a cabo reformas que inevitablemente generan ganadores y perdedores. Además la total dependencia de los fondos Europeos empieza a enseñar exigencias de más recaudación, que han de recaer en amplias capas de población si quieren generar suficientes recursos. El año 2020 y lo que llevamos del 2021, casi medio año, han producido una dura caída no solo de la actividad por la COVID 19 sino con un considerable aumento del déficit público, de 20 puntos de la riqueza nacional en dos años, pese a que España es uno de los países europeos que menor esfuerzo fiscal  ha hecho para impulsar su economía. Lo que apuntaría a un muy baja eficacia del gasto público. España es de momento casi el único país euro que solo plantea solicitar ayudas y no préstamos del Fondo de Nueva Generación Europeo, aunque es de los  que más necesita un aumento del crecimiento, con la mayor tasa de desempleo de la zona.  No se sabe si es por miedo al endeudamiento o incapacidad de gestión. Todo este panorama, como era de esperar, rezuma hacia el exterior: ni Draghi ni Biden parecen tenernos entre sus relaciones prioritarias, pese a ser dos importantes aliados con muchos intereses comunes.

Una repetición mimética de la vida política de los primeros 20 meses de este Gobierno parece lo probable, pero no lo  más aconsejable. Con la visión que da el transcurso del tiempo, el  no haber constituido un Gobierno de coalición PSOE- Ciudadanos en junio de 2019  ha resultado fatal para los segundos pero muy pernicioso para los primeros. El actual enfrentamiento a ultranza con la Oposición a quien  de verdad no conviene es a un Gobierno ya desgastado y con una cuesta arriba hasta el final por delante. Para los que hablan de la importancia de hacer política ha llegado el momento. El próximo otoño puede ser muy tarde. Gobernar nunca trae lo deseado ni siquiera lo esperado. El tiempo parece que sobra al principio pero es un espejismo, en seguida se agota, lo que hoy en España es ya. Nuestros últimos Gobiernos, tanto del PSOE como del PP, estuvieron inmóviles  en los finales de sus respectivas  segundas legislaturas. Ninguno acabó bien. Muchas cosas apuntan a una repetición de esa experiencia.

jueves, 6 de mayo de 2021

Desempleo financiero

Rodrigo Rato 

7 de mayo de 2021 

El modelo capitalista se ha apoyado en muchas palancas, desde su aparición en el siglo XVIII, una de ellas el crédito. Así la banca comenzó un crecimiento  casi sin fin. Con la expansión de los mercados financieros y su globalización  en el siglo XX todo lo relacionado se multiplicó, entre ello el empleo. Bancos y Bolsas atrajeron talento con una mano de obra cada vez más sofisticada y mejor pagada. El crédito y las finanzas han dominado una parte substancial del crecimiento económico de las últimas décadas. El desarrollo tecnológico ayudo a este crecimiento casi continuo. Incluso la tremenda crisis financiera de 2008, la Gran Recesión, produjo grandes pérdidas a Estados y personas, pero el tamaño del sector financiero respecto a la economía real ha llegado a ser seis veces mayor. Sin embargo  en este cambio de década muchas cosas han empezado a cambiar y deprisa. El sector financiero español ha anunciado miles de despidos, no necesariamente ligados a la Covid, sino a un profundo cambio con raíces económicas, regulatorias y tecnológicas.

La Gran Recesión obligó a los Bancos Centrales, a los Estados, a convertirse en impulsores  directos y protagonistas del crédito al por mayor, pero también en la fijación del coste de los intereses  a corto, como un instrumento central de la política macroeconómica independiente de las condiciones económicas reales. Los tipos no sólo están situados por la acción de los Bancos Centrales a niveles históricamente bajos, también a cero o incluso negativos. Así los intermediarios, bancos principalmente, han visto reducirse sus márgenes hasta el punto de necesitar tener que cobrar dinero por la financiación que solicitan a los Bancos Centrales. Prestar es ya un negocio intervenido tanto en China como en la zona euro. Para ello hacen falta menos bancos, que además están regulados para correr riesgos limitados e incluso abandonar los mercados más especulativos, peligrosos pero  muy rentables, con crecientes exigencias regulatorias de más capital.


La tecnología, por su parte, no sólo ha permitido reducir costes y ampliar los servicios, también ha abierto la puerta a la aparición de nuevos competidores en todos los negocios financieros, principalmente por parte  de los gigantes tecnológicos pero no sólo. Nuevas monedas privadas y las cadenas de bloques cambian el negocio de la intermediación de manera radical. La obsolescencia ha llegado a  muchos otros sectores y también a la otra hora todopoderosa banca. Los propios mercados financieros lo dicen con el valor de las cotizaciones. De los 100 valores bursátiles globales más importantes no hay 10 bancos y situados en la cola. Un cambio producido en el último decenio.

Nunca ha habido tanto ahorro ni tanta liquidez privados. Pero no los utilizan los bancos aunque los tengan depositados. La regulación les limita el campo de actuación y crecimiento. La concentración les aleja de muchos clientes pequeños, antes tan rentables, sustituida la liquidez de sus ahorros  por la manguera de los bancos centrales ya no merece la pena cuidarlos como clientes. Ellos a su vez pagan a través de sus teléfonos y sus hijos no pisan un banco. Los reguladores cada vez piden más capital a un negocio cada vez peor. Sin embargo, sectores enteros de la actividad económica no pueden acceder al crédito regulado. Es la ley de la selva. El Estado tiene mecanismos de financiación directa por capas sociales y por actividades declaradas de interés general, que van cambiando. Pero carece de instrumentos para el sector privado atomizado, desde luego en Europa. La concentración del sector bancario es la apuesta de algunos gobiernos ante semejante encrucijada. No sabemos si  funcionará. Tampoco si el relevante papel de los banqueros es cosa del pasado.  Parece que buscan sobrevivir como hacen  otros muchos sectores. Sus posibilidades son tan problemáticas como otras muchas. ¿ Lo saben ya los políticos? Los inversores parece que si son conscientes, como lo son los propios banqueros. Big tema.

jueves, 29 de abril de 2021

Diplomacia de obras públicas

Rodrigo Rato 

30 de abril de 2021  


Las  obras públicas son teóricamente más populares en las dictaduras que en las democracias. No está claro porque, lo atestiguado es que tienen efectos directos sobre la productividad de una economía, siempre y cuando sean racionales. Los llamados «elefantes blancos», inversiones de prestigio pero poco útiles, acumulan deuda sin aumentar el crecimiento. El llamado Plan E en España en 2011 fue un ejemplo de libro. En todo caso estas son, o eran,  cuestiones de sociedades avanzadas donde hay muchas infraestructuras acumuladas. Los países emergentes y, todavía más, los pobres altamente endeudados son muy deficitarios en  elementos esenciales de capital público, como el acceso al agua  o modestas carreteras. La creación de Bancos de Desarrollo a partir de 1945, mundiales y regionales,  fue la respuesta  global solidaria para las nuevas relaciones internacionales. Ellos se convirtieron  en los principales actores en la inversión en infraestructuras y bienes públicos durante  decenios, en los países más débiles económicamente. Hasta que llegó China. Los países desarrollados se comprometieron en aportar el 0,7% de su renta nacional para ayuda al desarrollo, promesa incumplida con honorables excepciones nórdicas europeas. Desarrollo no supone ni mucho menos solo infraestructuras, educación y sanidad representadas lo alto de la lista.

Poco después de salir de la pobreza, en la parte final, del segundo decenio de este siglo, China lanzó su ambiciosa Nueva Ruta de la Seda (Bell-Road Iniciative), al mismo tiempo que constituyó su propio Banco de Desarrollo, llamado precisamente el Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras. Supuestamente más sensible que los países desarrollados compartiendo dificultades de subdesarrollo, compite directamente con el Banco Mundial dirigido desde su creación por un norteamericano. Inversiones  y préstamos sin condiciones, pero hasta ahora sin donaciones, pronto se hizo con una presencia masiva en África, Sudamérica y Asia, acompañada de empresas chinas e incluso mano de obra. Hasta el griego Puerto de Pireo cayó en sus manos, coincidiendo con la quiebra financiera del país miembro del euro. Indudablemente préstamos e inversiones aumentan la influencia política. Aunque los primeros corren el riesgo de resultar impagados con los vaivenes de la economía mundial. En todo caso en 10 años China se ha convertido en un crucial inversor en desarrollo, asegurándose mercados y materias primas.

Su influencia es máxima en Myanmar, Camboya, Venezuela o Bolivia. Incluso Irán se ve atraída ante los embargos occidentales. No es fácil saber cuántos de estos préstamos han resultado fallidos, lo que complica la voluntad de los países occidentales en condonar los suyos, para evitar que sea China quien acabe cobrando. Lo que no cabe duda es que los Imperios son caros y que China quiere tener el suyo. Su ejemplo o su desafío se dejan sentir, desde luego en Asia donde Japón es ya el primer inversor regional en infraestructuras, pasando de ser un odiado expansionista durante la primera parte del siglo XX en la zona, al amable alternativa al nuevo expansionismo  chino del siglo XXI. La India en colaboración con la Unión Europea acaba de anunciar su propia iniciativa en esta dirección. Pero Occidente se mueve con torpor en esta nueva diplomacia, como se está apreciando en el tema de las vacunas Covid 19 para los países menos desarrollados, con China y hasta Rusia llevando la delantera. El riesgo de una explosión incontrolada de la Covid 19 en países en desarrollo, con poblaciones muy considerables, lo que podría alargar en el tiempo  los riesgos globales  de pandemia parece ser difícil de asumir  ahora por Occidente, lo que dice bastante de como están los liderazgos.

Ni la UE ni Estados Unidos pueden hoy igualar el poder de convocatoria entre los dirigentes africanos de Pekín y no solo por las amargas memorias coloniales, que también. Infraestructuras e incluso préstamos han agrandado la influencia de un país que hace poco más de 20 años no podía dar de comer a su población. Una innegable muestra de una asombrosa capacidad, que también se ve en otros ámbitos como la Inteligencia Artificial o las telecomunicaciones. No podemos quejarnos de que nos superen en nuestro propio juego de la competencia económica y tecnológica. Bien es cierto que este increíble ímpetu y capacidad van acompañados de injerencias territoriales en el Mar del Sur de China, que sufren todos sus vecinos, o en las represalias por criticar las violaciones domésticas de los derechos humanos y políticos. Pero sin duda muchos países ricos en materias primas y pobres en todo lo demás no se quejan de la ruptura del monopolio de Occidente en la ayuda al desarrollo. Tampoco se creen ya que China sea uno de los suyos. Pero por una vez tienen donde elegir. En este nuevo ciclo geopolítico  que está comenzando, con serios riesgos de crisis financiera en varios países económicamente débiles,  China tendrá que aprender que los acreedores no cobran siempre, otra verdad del capitalismo. Cuando llegue el tiempo de los impagos veremos  en  que lado de la mesa elige estar. ¿La veremos en el Club de París? No todo lo hecho por las potencias ex coloniales carece de sentido.


viernes, 23 de abril de 2021

Optimismo

Rodrigo Rato 

24 de abril de 2021  


La actual política mundial y también las nacionales buscan plantear horizontes positivos ante una realidad marcada por la Covid 19 que, tanto en términos humanos, sociales y económicos, no sólo ha afectado muy negativamente a los ciudadanos sino que también  deja un reguero de «reyes desnudos». Nada hay peor para un gobernante que transmitir impotencia. Bien es cierto que el «nadie puede hacer nada» resulta  ser una buena escusa, pero de corta duración. Cuando la idea «si tú no puedes que venga otro» se asienta, los dirigentes pierden su atractivo  casi de forma inmediata. Ante ello solo queda el optimismo, como vemos ahora en los gobiernos pero también en los mercados. Sentimiento que puede ser contagioso y hasta necesario a fin de no mirar atrás, sino creer en un futuro mejor e incluso hacerlo posible.

La campaña electoral autonómica de Madrid es un buen ejemplo. Frente a muchos de sus pares en otros gobiernos regionales, Isabel Ayuso hace tiempo que apostó por la iniciativa de la sociedad, tratando de combinar seguridad  sanitaria y actividad  económica de una manera mucho más decidida que otros gobernantes, aquí y en el resto de Europa. El fallo esplendoroso en la distribución de vacunas está impidiendo  a la población  española poder creer en la superación de la pandemia, al menos de momento. El gobierno autonómico de Madrid plantea vivir con ella de la mejor manera posible. Esta vez es la izquierda quien recurre a los mensajes de cautela ante los posibles riesgos, tratando de presentar una realidad sanitaria madrileña mucho más deteriorada que en otros lugares, un esfuerzo que aparece exagerado y que les  lleva a afirmar grandes inexactitudes.

El triunfo electoral del optimismo el 4 de mayo en Madrid sería una muy mala noticia para un Gobierno Nacional conocedor que las dificultades no se acabaran cuando todos  estemos vacunados. Las  heridas de enfermedad y muerte no se cerrarán con la superación de la actual tensión sanitaria. A lo que hay que añadir  una situación socioeconómica con altas tasas de paro y deuda pública. Encrucijada para la que no parece haber respuesta, a juzgar por la reiteración en presentar el mismo Plan de ayudas europeas una y otra vez, siempre con altos niveles de inconcreción. Así el Gobierno Español trata de infundir un optimismo basado en una promesa de abundancia de fondos europeos, mientras los sectores  económicos concretos ven asomar sus respectivos pies por debajo de la manta.

Ayuso por su parte practica dejar hacer, confiando en que cada cual se arregle sus problemas. Irremediablemente unos lo consiguen y otros no. Sánchez no deja hacer, realiza poco por su parte y promete una histórica pedrea de fondos europeos. Nada le puede venir peor que un gran éxito de Ayuso. Lo sabe y actúa en consecuencia,  aunque generando con sus constantes y desmesuradas críticas un cierto rechazo de los madrileños. «Es el optimismo, tonto», que diría Bill Clinton.


Este no es una situación específica española. En Italia han traído al genio benéfico de Mario Draghi para poder confiar en el futuro. Joe Biden riega su economía con dólares para un futuro mejor inmediato. Hasta Boris Jonshon quiere demostrar en la rapidez  relativa de la vacunación las ventajas del Brexit. Se siente que todos los gobernantes reconocen que sus electorados están hartos. Tanto Emmanuel Macron como la Unión Cristiano Democrática alemana no encuentran el camino. Problema distinto, pero no totalmente, en los regímenes totalitarios, donde no hay libertad pero si opinión pública.

Los mercados también buscan ser optimistas y muchos lo consiguen, basados en el activismo público fiscal y monetario. La cobertura de los Bancos Centrales promete liquidez hasta que no haya duda sobre la recuperación, en las economías desarrolladas. En las otras, un ojo está puesto en un valor del dólar que permita atraer inversión hacia sus  monedas. Aquí la laxitud prometida por la Reserva Federal es una bendición para gobernantes e inversores por doquier. China sin embargo ya está subiendo tipos, lo que enseña que toda expansión tiene su fin. Tanto ellos como Estados Unidos necesitan el mercado del otro para superar definitivamente el aciago 2020, lo que podría abonar una cierta distensión geopolítica. Buenas noticias para el eterno tercero en discordia, la Unión Europea. Permitámonos ser optimistas por un tiempo, aunque solo sea para recuperar el animo pero sabiendo que mucho ha cambiado y que la digestión será larga.

jueves, 15 de abril de 2021

La vuelta de los impuestos

Rodrigo Rato 

16 de abril de 2021 


El norteamericano Benjamin Franklin ya nos dijo «que en la vida hay dos cosas seguras, la muerte y los impuestos». George Harrison escribió y canto «Taxman» en 1966, cuando todo era subir los impuestos, en la fase final de la política económica que comenzó en 1945 con el Estado como protagonista de un mundo endeudado y arrasado por la II Guerra Mundial. En 1979 llegaron Margareth Thatcher y Ronald Reagan. «El Estado es el problema», «hay que dejar a la bestia sin alimento» y otros eslóganes que fueron extendiéndose hasta Tony Blair con el Nuevo Laborismo y Bill Clinton con la Tercera Vía. Privatizaciones, desregulaciones y globalización eran las reglas nucleares de las políticas económicas hasta en la China comunista, nunca mejor dicho. El mayor éxito del capitalismo se ha producido en un país comunista.

2021 nos trae el gran cambio desde Estados Unidos. Subir los impuestos. Antes los gastos y las deudas se han disparado allí y en todos sitios. Una cosa lleva inexorablemente a la otra. El dominio de la austeridad impidió el crecimiento de las deudas en la crisis del 2008, a costa de bajo crecimiento y el aumento de las desigualdades. Pero hace más de 10 años que el Estado empezó a intervenir de forma masiva en los mercados, comprando deuda y activos financieros. Un reparto de riqueza cada vez más concentrado en los partícipes en los mercados de capitales.

EE.UU. ha inaugurado un activismo fiscal desconocido en tiempos de paz. Primero con Donald Trump bajando los impuestos, después aumentando el gasto para compensar los efectos económicos de la Covid. Pocas alternativas le quedaban a su sucesor que seguir repartiendo dinero público, incluso muy por encima del daño económico producido por la pandemia. ¡Quien pudiera! pensaran muchos. Inevitablemente los impuestos han pasado al centro de la política económica. Las cuestiones es saber elegir cuáles y cuando. No es tan fácil.

Contrario a lo que sostiene nuestra Agencia Tributaria, la recaudación no depende principalmente de los tipos impositivos ni de la persecución tributaria. De poco sirve subir los impuestos en una economía en caída. Biden lo sabe bien y ha elegido a las grandes empresas globales norteamericanas con ingresos en todo el mundo para sus incrementos impositivos. Ellas han sido las mayores beneficiarias hasta ahora de la competencia entre Estados por ofrecer bajos tipos en el Impuesto de Sociedades. Las protagonistas de la digitalización y el teletrabajo son en gran parte norteamericanas. Así, nada será mejor que un tipo mínimo para las empresas norteamericanas, desde el punto de vista del Estado norteamericano. Los europeos no podrán negarse, llevan años pidiéndolo. Los ingresos gigantescos se producen en las tecnológicas, principalmente norteamericanas o chinas. Serán pues estos Estados los grandes beneficiarios de un pacto en la OCDE sobre impuestos empresariales.

La Administración Norteamericana sabe bien que el mercado doméstico no es donde está el tesoro. Pero no todos los países están en sus circunstancias. Bien es cierto que los consumidores europeos compran muchos productos de las tecnológicas. Esa será la prioridad europea, la llamada “ tasa Google” aprobada pero no aplicada por varios países europeos, temerosos ante las posibles represalias comerciales. Donde la Unión Europea lleva la delantera es con respecto a la imposición medioambiental. Una futura tasa al carbón ya ha llevado a la Administración Biden a oponerse a los planes europeos de aplicarla. “Sería la última solución” ha afirmado John Kerry , encargado por Biden de la política frente al cambio climático. Todo apunta a una importante negociación sobre impuestos empresariales y medioambientales entre los socios atlánticos. Aunque otros actores, sobre todo asiáticos, tienen sus bazas. La globalización ya no es anglosajona, europea y blanca.

La necesidad de reducir el peso de las deudas con los respectivos PIBs exige crecer, aumentado los potenciales de cada economía. Subir los impuestos a los ciudadanos y las empresas domésticas para pagar las deudas de la COVID puede ser contradictorio con la necesaria expansión. Esta contradicción lleva ya a buscar nuevas áreas para recaudar. La mayor parte de ellas globales, ligadas a la tecnología y a la energía. La agenda está servida.

jueves, 8 de abril de 2021

Recuperación sin dinero

Rodrigo Rato 

9 de abril de 2021


Los datos recientemente conocidos del nivel de déficit público español en 2020 alcanzan el 10% de nuestra renta nacional, siendo coincidentes con las cifras conocidas del aumento de deuda pública en el mismo año. En términos históricos ambos se sitúan en récords en época de paz, lo que también le sucede a otros muchos países desarrollados. La esperanza era que 2020 fuera un año único, marcado por la pandemia, pero todo apunta al que al menos en la Unión Europea las cosas seguirán igual hasta mediados de este año, con repetidos cierres y confinamientos en muchos países europeos, incluyendo la mayoría de las Comunidades Autónomas españolas, con la excepción de Madrid. La Ministra de Hacienda resaltaba que esta cifra de déficit público era

menor que la inicialmente prevista, debido a un mejor comportamiento de los ingresos tributarios, al parecer ligado al hecho que los ingresos salariales a través de los llamados Ertes han permitido sostener la recaudación. Estos días conocíamos las previsiones para 2021 de la Agencia tributaría con un aumento del 5% en la recaudación del Impuesto sobre la Renta, que se contrapone con la caída experimentada por el conjunto de los salarios y el aumento del desempleo. Habrá que esperar a las cifras reales, que serán conocidas en el año 2022.


La pregunta clave es ¿cuál será el nivel de crecimiento económico español una vez recuperada la normalidad? Una parte de la apuesta gubernamental está ligada a los prometidos fondos europeos, detenidos de momento por la intervención del Tribunal Constitucional Alemán, en lo que debería solo ser un retraso. Una vez más es necesario reiterar lo imprescindible que supone acompañar a este máximo de 140.000 M €, durante al menos 3 años, con inversión nacional. Esta tendrá que ser en su mayor parte privada, doméstica o extranjera. Hasta ahora, en 2019 antes de la pandemia, ambas sumaron 8.500 M €, una cifra récord pero escasa, representando sensiblemente menos del 10% del PIB. Además una parte relevante de la extranjera se refería a compra de empresas, no a nuevas inversiones. Tampoco debemos olvidar que esta tradicional división entre inversores va perdiendo su sentido en una economía con total libertad movimientos de capitales, como la española, que además es un país euro, la segunda moneda mundial, lo que permite a los españoles actuar en los mercados mundiales con total transparencia y facilidad.


La siguiente pregunta clave debería ser como hacer a nuestra economía más atractiva a la inversión. A su favor tiene nuestra pertenencia al primer bloque económico del mundo, la Unión Europea, donde somos 27 países, y al euro, 19 países. Socios pero competidores para atraer la confianza de los inversores. Poco se puede insistir en la urgente necesidad de crear un mercado de capitales integrado.


Industrias donde España es destacada a nivel mundial como el turismo o los componentes de automóviles atraen inversión. El reciente compromiso de Renault sobre su futura presencia en España indican que sabemos y podemos atraer inversión internacional en sectores altamente avanzados pero también sindicalizados. El turismo por su parte es un viejo conocido con el que nos ha ido muy bien, España es líder mundial lo que no nos sucede en otras áreas. Por desgracia este es uno de los sectores más castigados por la Covid con una caída del 80% de la entrada de turistas, lo que inevitablemente está produciendo una descapitalización. Aquí las nuevas normas regulatorias internacionales han endurecido las condiciones para los préstamos bancarios, a fin de evitar riesgos de rescates públicos a los bancos, lo que abre dos caminos para la recapitalización del sector turístico español: ayudas públicas o capital privado. Las primeras dependerán de la Unión Europea en su vuelta a las normas de control presupuestario, las segundas del atractivo de beneficios en comparación con otros destinos. Parecería lógico que un sector que representa la mayor industria nacional, con fuerte creación de empleo y muy repartido geográficamente atrajese la máxima atención política. Sorprendentemente no es así, incluso se oyen voces oficiales que plantean la hora de su substitución como no por nuevas actividades ligadas al cambio climático. Un exponente máximo del debate irreal con la utilización de eslóganes de moda, para encubrir el vacío


La realidad es que si España no puede atraer capital privado para actividades que se han demostrado rentables durante décadas, sin duda con las transformaciones tecnológicas necesarias, nuestro potencial de crecimiento no recuperara los niveles de 2019 en varios años, lo que es equivalente a los de empleo y prosperidad. No hay precedente en el mundo de economías que dejen de ser atractivas en sus actividades principales para pasar a serlo de inmediato en otras nuevas y hasta ahora inexistentes. La excelente noticia de la confianza de la multinacional francesa Renault ofrece un ejemplo español a seguir, en relaciones laborales, tecnología, regulaciones de todo tipo y del funcionamiento administrativo. ¿Por qué el debate político ignora la urgencia de la situación presente? Lo que no puede estar muy lejos de la fragmentación creciente del voto. Una búsqueda incesante por parte de los votantes de planteamientos acordes con lo que perciben.

«A las cosas!!», pedía Ortega hace casi 100 años. No puede ser más actual. Será en las cosas donde los inversores fijaran su atención para devolvernos la prosperidad perdida, Sin ellos hemos entrado en un deslizamiento hacia atrás.

jueves, 25 de marzo de 2021

Desestabilizaciones territoriales

 Rodrigo Rato 

26 de marzo de 2021  



Las Comunidades Autónomas españolas llevan  en vigor  en su conjunto casi 40 años. Independientemente de otras consideraciones sobre sus efectos en la unidad de mercado, el exceso regulatorio o la quiebra de una educación igual en toda España, las CCAA han sido fuente de estabilidad política, con Gobiernos que se han mantenido durante decenios, con mayorías socialistas hasta 1995 y del Partido Popular después. Los territorios con partidos nacionalistas o regionalistas fuertes han sido todavía más estables, sobre todo el País Vasco pero también aunque en menor medida Navarra y Cantabria. Cataluña fue extraordinariamente estable con Convergencia i Unió, para entrar en un proceso contrario a partir de la inclusión de la independencia entre las prioridades políticas, que ha acabado por convertirse en el eje de su debate político, lo que al parecer se va a reproducir con el nuevo Gobierno.

El reciente y creciente fraccionamiento de los mapas políticos regionales hace difícil la existencia de Gobiernos apoyados por un solo partido, con la excepción del caso del PP en Galicia. En las últimas semanas se ha acelerado un proceso de intentos de cambio de gobiernos en tres CCAA a través de mociones de censura. Los tres han fracasado pero han producido un precedente de inestabilidad con graves consecuencias. Pese a los designios soberanistas, las CCAA españolas como sus parientes federales en otros países, están centradas en la gestión más que en planteamientos ideológicos. Razón que explica, entre otras cosas, la estabilidad  de los Gobiernos a lo largo de varios periodos a la que me he referido antes. Continuidad en el tiempo ligada a una suficiente satisfacción de los votantes con el status quo. Algo equivalente sucede en los países federales. Estabilidad y eficacia de la descentralización política frente al centralismo.

La ultra politización de la vida regional y también de la local desplazaría la atención en la gestión hacia cuestiones ideológicas e identitarias. La colaboración del Gobierno de la Nación en estas operaciones puede resultar en aún mayor inestabilidad a nivel nacional. La duración de los Gobiernos no es un bien en sí mismo, dependerá sobre todo de lo que realicen con ella. La existencia de controles parlamentarios y libertad de expresión son ya en sí mismos garantía de control, como la independencia judicial y de los órganos de control de la propia Administración. El intento de establecer cambios políticos estructurales, constitucionales, a través de las CCAA ya sean lingüísticos o soberanistas anulará la atención en la gestión, en resolver los problemas de los ciudadanos para centrarse en construcciones nacionales. Ningún Estado Federal consiente tales desviaciones, tanto legalmente como por las respectivas opiniones públicas. En España sí se hace bajo el axioma de que “se puede defender todo en todos sitios”. Nada menos federal.

Los intentos de cambio de mayorías por pactos en mitad de legislaturas, lo que se denomina coloquialmente “mercadeo”, extiende la politización de la política regional más allá de los temas independentistas a regiones como Madrid, Castilla y León o Murcia. No es una buena noticia y va en la dirección contraria a lo deseable. No hay nada poco democrático en la utilidad práctica de los Gobiernos. Es más, resulta ser el principal atractivo de acercar la capacidad de decidir al ciudadano. Con la promulgación de más de 8.000 normas anuales, las CCAA suponen un riesgo serio de excesiva burocracia y reglas aplicables a mercados diminutos.  Por ello está más que cumplida la hora de dotar al Senado de capacidades normativas suficientes para legislar en temas autonómicos. Algo que sin duda no satisfará a los partidos independentistas, pero en todo caso sus ciudadanos y sus intereses económicos, comerciales, pero también sociales y sanitarios, entre otros, se proyectan mucho más allá de cada territorio autonómico, por lo que la existencia de reglas comunes es beneficiosa para todos.

Desde 1978 el las grandes crisis de nuestro sistema político han estado ligadas a planteamientos independentistas: ETA y el «procés». Ambos serios intentos de violentar nuestra Constitución, el primero además utilizando el terrorismo y el segundo un golpe de Estado desde un Gobierno autonómico. La respuesta de los sucesivos Gobiernos en ambos casos ha sido la aplicación de la ley. Sorprendentemente las respuestas políticas se han dejado a la iniciativa de las fuerzas separatistas. No podemos seguir así.

Ha habido varias ocasiones perdidas para acordar la instauración de un verdadero Estado Federal. Pero nunca es tarde. La alternancia de dos grandes partidos nacionales también en la mayoría de las CCAA, con dos excepciones nacionalistas, funcionó. Ahora que al parecer “ la nueva política” ha entrado en crisis parcial quizás sería una segunda oportunidad de definir el papel político de las CCAA dentro de un Estado verdaderamente federal, dejando claramente las cuestiones más políticas para ese nivel, tanto si les gusta a los independentistas como si no. En ningún país democrático se puede discutir todo en todos sitios, por algo será. Fomentar la estabilidad y la utilidad de nuestros Gobiernos Autonómicos debe formar parte de esa respuesta política.

miércoles, 24 de marzo de 2021

Nota de prensa Rodrigo Rato

Rodrigo Rato 

24 de marzo de 2021 


La Fiscalía Anticorrupción publicó ayer una nota de prensa sobre su escrito de acusación en la causa que se sigue contra mi en el Juzgado 31. 

Hay varias consideraciones que me gustaría hacer:

En primer lugar, resulta increíble que una institución pública de la Justicia española utilice estos modos para atacar y dañar la imagen y el honor de una persona.

Antes de dar a conocer el escrito de acusación y por lo tanto darme capacidad de defensa, la Fiscalía Anticorrupción divulga sus argumentos en una nota de prensa, algo especialmente excluido en un procedimiento sumario.

En su discurso con motivo del año judicial de 2020, la Fiscal General hizo alusión a un inminente Código de Buenas Prácticas que espero contenga reglas respecto a la divulgación selectiva y filtración interesada. Divulgar notas de prensa en lugar de la totalidad de los escritos no protege ningún bien público ni derechos, sino todo lo contrario.

En cuanto al fondo de la acusación de la Fiscalía, según su propia publicidad, recoge principalmente hechos y supuestos delitos que no han sido objeto de la instrucción, yendo contra el propio criterio del instructor, único director del proceso, que ya ha decidido qué hechos habrían quedado indiciariamente acreditados en una instrucción que ha contado con 12 millones de documentos requisados, 6 años de duración y 16 informes de la Onif, con dos prórrogas de 36 meses, solicitadas por la fiscal, durante las cuales no se practicó ninguna nueva diligencia.

Más aún, algunos de estos hechos y delitos han sido expresamente descartados por el Instructor, que a lo largo de estos años ha calificado por tres veces las propuestas de la Fiscal de investigación prospectiva, actividad prohibida por ley pero sorprendentemente no definida penalmente.

En esta causa, como puse de manifiesto ante el instructor en febrero de 2021, además se ha llevado a cabo una investigación prospectiva, paralela y secreta, denominada Operación Tajuña, a espaldas de la defensa, durante años, por parte de la fiscal, la UCO, el Seplac y al menos un miembro de la Onif, a la sazón auxilio judicial en la causa.

No debería ser este el momento procesal para plantear una nueva causa, ante la endeblez de la efectivamente realizada, amparándose en la impunidad del papel institucional que nuestro ordenamiento jurídico otorga a los Fiscales.

Ante la omnipotencia e impunidad constante de determinadas instituciones de nuestro sistema de Justicia, no puedo sino sentirme completamente indefenso. 

Reiteró mi inocencia de los delitos que se me atribuyen, retirando los argumentos y pruebas que durante 6 años he planteado.
 
Me remito a mi escrito de defensa que presentaré ante el Juez en su fecha.

jueves, 18 de marzo de 2021

¿Guerra fría, qué guerra fría?

Rodrigo Rato 
19 de marzo de 2021 

                                                                                                                             

Desde 1948 hasta 1989 el mundo fue un campo de batalla, más o menos cruento, entre dos imperios pero también dos modelos políticos y económicos opuestos: el soviético y el norteamericano. Casi todos los países tenían relaciones diplomáticas con ambos, pero una gran cantidad estaban alienados en la confrontación por alianzas militares y de seguridad. No cabían demasiados juegos a dos manos. Las cuestiones económicas eran secundarias a las ideológicas, con el firme convencimiento del bando norteamericano, Occidente, que la libertades políticas y económicas acabarían haciendo a los ciudadanos del otro bando a obligar a sus Gobiernos a cambiar. Los ciudadanos que podían abrumadoramente huían a los países occidentales. Prácticamente ninguno lo hizo en sentido contrario. En cierto sentido desde 1978, a la muerte de Mao Ze Dong, China aunque el mayor país comunista buscaba la prosperidad capitalista. “Da igual que el gato sea blanco o negro, lo importante es que cace ratones” fue la frase de Deng Xio Ping anunciando el más intenso cambio económico en la Historia.


La desaparición de la Unión Soviética tuvo entre otras consecuencias una consolidación del comercio mundial, la globalización, de la que China ha resultado ser la gran beneficiaria con más de 20 años creciendo al 10% anual acumulado. Con la antigua Guerra Fría está Globalización hubiera sido imposible. China dio al resto del mundo, primero mano de obra barata, luego ahorro casi ilimitado, y ahora millones de consumidores prósperos. Pero es y quiere seguir siendo un país totalitario, con un Partido Comunista omnímodo y un Estado que impone sus reglas en la política internacional, con graves ataques cibernéticos a otros muchos países. En la campaña electoral de Norteamérica de 2012, el candidato republicano Mitt Romei, identificó a Rusia como el adversario principal de Estados Unidos. En 2021 Republicanos y Demócratas solo coinciden en una cosa: que China es su adversario.


Banqueros, industriales, compañías tecnológicas, de consumo, fabricantes de coches, agricultores y ganaderos norteamericanos, todos y más, comercian con China y quieren aumentar sus compras y ventas. El déficit comercial norteamericano con China aumentó bajo Donald Trump, quien le impuso severas sanciones comerciales. El Estado chino tiene más de 1 billón de dólares de deuda de EEUU. Pero no solo ellos China es el principal socio comercial de casi todos los países del mundo, que buscan atraer a sus inversores o a sus turistas y consumidores. 300.000 jóvenes chinos estudian en Universidades norteamericanas. Si hay guerra es distinta esta vez. Para empezar la economía mundial, desde luego la europea y la norteamericana, pero también la Latinoamericana, la del Sudeste Asiático, la australiana o la canadiense, no podrían resistir el hundimiento chino, y la mayor economía mundial en paridad de poder de compra. Todo ello sin estado de derecho, ni convertibilidad de su moneda. Tampoco ellos absorberían con facilidad la crisis de los demás, es más, en 1998 y en 2008 fueron imprescindibles en el sostenimiento de la economía mundial. En 2021 su gran economía será una de las dos locomotoras del crecimiento mundial, la otra EEUU.


Es difícil encontrar en la historia un ejemplo de tanta interdependencia y creciente enfrentamiento. Desde luego China quiere ser una potencia militar, ya lo es en términos regionales. Ningún país asiático puede competir militarmente con ella, lo que entre otras cosas está generando algo que había desaparecido con la anterior Guerra Fría, una carrera de armamentos, circunscrita a Asía pero innegable, en la que la nueva Administración norteamericana se ha comprometido seriamente. Desde hace más de 10 años el Gobierno chino ha aumentado sus préstamos a otros países, con una cartera mayor que el Banco Mundial, y de la Nueva Ruta de la Seda financiando infraestructuras en todos los continentes. Venezuela pero también Pakistán o Myanmar, Etiopía tienen grandes deudas con ellos. En muchos sentidos China no es un país expansionista pero tiene mentalidad y anhelos imperiales, probablemente inevitables dado el tamaño de sus intereses. Sus prácticas de ataques cibernéticos pueden acabar con un único sistema de internet como hoy lo cocemos, su poco respeto a la propiedad intelectual es la mayor amenaza al comercio mundial en una economía cada vez con más inversión intangible.


La nueva guerra fría afecta de lleno a la globalización basada en la interdependencia y la búsqueda de eficiencia, para buscar independencia y autosuficiencia, sobre todo en los avances tecnológicos: 5G, semiconductores, Inteligencia Artificial, biogenética, donde las consideraciones de seguridad nacional son ahora prioritarias. Una guerra pero compartiendo consumidores, inversores y turistas es quizás más un mundo anterior a 1914.