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Un informe pericial asegura que Rodrigo Rato no debe dinero a Hacienda

Un informe pericial independiente asegura que el exvicepresidente del Gobierno pagó varios millones a Hacienda

Rodrigo Rato desmonta punto por punto las acusaciones contra él

Rodrigo Rato desmonta las acusaciones de la ONIF

La Audiencia Provincial de Madrid da la razón a Rodrigo Rato

La Audiencia Provincial de Madrid ha archivado una causa de la investigación sobre el patrimonio de Rodrigo Rato.

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Rodrigo Rato es absuelto del 'caso Bankia'

La Audiencia absuelve al exvicepresidente Rodrigo Rato

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jueves, 6 de mayo de 2021

Desempleo financiero

Rodrigo Rato 

7 de mayo de 2021 

El modelo capitalista se ha apoyado en muchas palancas, desde su aparición en el siglo XVIII, una de ellas el crédito. Así la banca comenzó un crecimiento  casi sin fin. Con la expansión de los mercados financieros y su globalización  en el siglo XX todo lo relacionado se multiplicó, entre ello el empleo. Bancos y Bolsas atrajeron talento con una mano de obra cada vez más sofisticada y mejor pagada. El crédito y las finanzas han dominado una parte substancial del crecimiento económico de las últimas décadas. El desarrollo tecnológico ayudo a este crecimiento casi continuo. Incluso la tremenda crisis financiera de 2008, la Gran Recesión, produjo grandes pérdidas a Estados y personas, pero el tamaño del sector financiero respecto a la economía real ha llegado a ser seis veces mayor. Sin embargo  en este cambio de década muchas cosas han empezado a cambiar y deprisa. El sector financiero español ha anunciado miles de despidos, no necesariamente ligados a la Covid, sino a un profundo cambio con raíces económicas, regulatorias y tecnológicas.

La Gran Recesión obligó a los Bancos Centrales, a los Estados, a convertirse en impulsores  directos y protagonistas del crédito al por mayor, pero también en la fijación del coste de los intereses  a corto, como un instrumento central de la política macroeconómica independiente de las condiciones económicas reales. Los tipos no sólo están situados por la acción de los Bancos Centrales a niveles históricamente bajos, también a cero o incluso negativos. Así los intermediarios, bancos principalmente, han visto reducirse sus márgenes hasta el punto de necesitar tener que cobrar dinero por la financiación que solicitan a los Bancos Centrales. Prestar es ya un negocio intervenido tanto en China como en la zona euro. Para ello hacen falta menos bancos, que además están regulados para correr riesgos limitados e incluso abandonar los mercados más especulativos, peligrosos pero  muy rentables, con crecientes exigencias regulatorias de más capital.


La tecnología, por su parte, no sólo ha permitido reducir costes y ampliar los servicios, también ha abierto la puerta a la aparición de nuevos competidores en todos los negocios financieros, principalmente por parte  de los gigantes tecnológicos pero no sólo. Nuevas monedas privadas y las cadenas de bloques cambian el negocio de la intermediación de manera radical. La obsolescencia ha llegado a  muchos otros sectores y también a la otra hora todopoderosa banca. Los propios mercados financieros lo dicen con el valor de las cotizaciones. De los 100 valores bursátiles globales más importantes no hay 10 bancos y situados en la cola. Un cambio producido en el último decenio.

Nunca ha habido tanto ahorro ni tanta liquidez privados. Pero no los utilizan los bancos aunque los tengan depositados. La regulación les limita el campo de actuación y crecimiento. La concentración les aleja de muchos clientes pequeños, antes tan rentables, sustituida la liquidez de sus ahorros  por la manguera de los bancos centrales ya no merece la pena cuidarlos como clientes. Ellos a su vez pagan a través de sus teléfonos y sus hijos no pisan un banco. Los reguladores cada vez piden más capital a un negocio cada vez peor. Sin embargo, sectores enteros de la actividad económica no pueden acceder al crédito regulado. Es la ley de la selva. El Estado tiene mecanismos de financiación directa por capas sociales y por actividades declaradas de interés general, que van cambiando. Pero carece de instrumentos para el sector privado atomizado, desde luego en Europa. La concentración del sector bancario es la apuesta de algunos gobiernos ante semejante encrucijada. No sabemos si  funcionará. Tampoco si el relevante papel de los banqueros es cosa del pasado.  Parece que buscan sobrevivir como hacen  otros muchos sectores. Sus posibilidades son tan problemáticas como otras muchas. ¿ Lo saben ya los políticos? Los inversores parece que si son conscientes, como lo son los propios banqueros. Big tema.

jueves, 29 de abril de 2021

Diplomacia de obras públicas

Rodrigo Rato 

30 de abril de 2021  


Las  obras públicas son teóricamente más populares en las dictaduras que en las democracias. No está claro porque, lo atestiguado es que tienen efectos directos sobre la productividad de una economía, siempre y cuando sean racionales. Los llamados «elefantes blancos», inversiones de prestigio pero poco útiles, acumulan deuda sin aumentar el crecimiento. El llamado Plan E en España en 2011 fue un ejemplo de libro. En todo caso estas son, o eran,  cuestiones de sociedades avanzadas donde hay muchas infraestructuras acumuladas. Los países emergentes y, todavía más, los pobres altamente endeudados son muy deficitarios en  elementos esenciales de capital público, como el acceso al agua  o modestas carreteras. La creación de Bancos de Desarrollo a partir de 1945, mundiales y regionales,  fue la respuesta  global solidaria para las nuevas relaciones internacionales. Ellos se convirtieron  en los principales actores en la inversión en infraestructuras y bienes públicos durante  decenios, en los países más débiles económicamente. Hasta que llegó China. Los países desarrollados se comprometieron en aportar el 0,7% de su renta nacional para ayuda al desarrollo, promesa incumplida con honorables excepciones nórdicas europeas. Desarrollo no supone ni mucho menos solo infraestructuras, educación y sanidad representadas lo alto de la lista.

Poco después de salir de la pobreza, en la parte final, del segundo decenio de este siglo, China lanzó su ambiciosa Nueva Ruta de la Seda (Bell-Road Iniciative), al mismo tiempo que constituyó su propio Banco de Desarrollo, llamado precisamente el Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras. Supuestamente más sensible que los países desarrollados compartiendo dificultades de subdesarrollo, compite directamente con el Banco Mundial dirigido desde su creación por un norteamericano. Inversiones  y préstamos sin condiciones, pero hasta ahora sin donaciones, pronto se hizo con una presencia masiva en África, Sudamérica y Asia, acompañada de empresas chinas e incluso mano de obra. Hasta el griego Puerto de Pireo cayó en sus manos, coincidiendo con la quiebra financiera del país miembro del euro. Indudablemente préstamos e inversiones aumentan la influencia política. Aunque los primeros corren el riesgo de resultar impagados con los vaivenes de la economía mundial. En todo caso en 10 años China se ha convertido en un crucial inversor en desarrollo, asegurándose mercados y materias primas.

Su influencia es máxima en Myanmar, Camboya, Venezuela o Bolivia. Incluso Irán se ve atraída ante los embargos occidentales. No es fácil saber cuántos de estos préstamos han resultado fallidos, lo que complica la voluntad de los países occidentales en condonar los suyos, para evitar que sea China quien acabe cobrando. Lo que no cabe duda es que los Imperios son caros y que China quiere tener el suyo. Su ejemplo o su desafío se dejan sentir, desde luego en Asia donde Japón es ya el primer inversor regional en infraestructuras, pasando de ser un odiado expansionista durante la primera parte del siglo XX en la zona, al amable alternativa al nuevo expansionismo  chino del siglo XXI. La India en colaboración con la Unión Europea acaba de anunciar su propia iniciativa en esta dirección. Pero Occidente se mueve con torpor en esta nueva diplomacia, como se está apreciando en el tema de las vacunas Covid 19 para los países menos desarrollados, con China y hasta Rusia llevando la delantera. El riesgo de una explosión incontrolada de la Covid 19 en países en desarrollo, con poblaciones muy considerables, lo que podría alargar en el tiempo  los riesgos globales  de pandemia parece ser difícil de asumir  ahora por Occidente, lo que dice bastante de como están los liderazgos.

Ni la UE ni Estados Unidos pueden hoy igualar el poder de convocatoria entre los dirigentes africanos de Pekín y no solo por las amargas memorias coloniales, que también. Infraestructuras e incluso préstamos han agrandado la influencia de un país que hace poco más de 20 años no podía dar de comer a su población. Una innegable muestra de una asombrosa capacidad, que también se ve en otros ámbitos como la Inteligencia Artificial o las telecomunicaciones. No podemos quejarnos de que nos superen en nuestro propio juego de la competencia económica y tecnológica. Bien es cierto que este increíble ímpetu y capacidad van acompañados de injerencias territoriales en el Mar del Sur de China, que sufren todos sus vecinos, o en las represalias por criticar las violaciones domésticas de los derechos humanos y políticos. Pero sin duda muchos países ricos en materias primas y pobres en todo lo demás no se quejan de la ruptura del monopolio de Occidente en la ayuda al desarrollo. Tampoco se creen ya que China sea uno de los suyos. Pero por una vez tienen donde elegir. En este nuevo ciclo geopolítico  que está comenzando, con serios riesgos de crisis financiera en varios países económicamente débiles,  China tendrá que aprender que los acreedores no cobran siempre, otra verdad del capitalismo. Cuando llegue el tiempo de los impagos veremos  en  que lado de la mesa elige estar. ¿La veremos en el Club de París? No todo lo hecho por las potencias ex coloniales carece de sentido.


viernes, 23 de abril de 2021

Optimismo

Rodrigo Rato 

24 de abril de 2021  


La actual política mundial y también las nacionales buscan plantear horizontes positivos ante una realidad marcada por la Covid 19 que, tanto en términos humanos, sociales y económicos, no sólo ha afectado muy negativamente a los ciudadanos sino que también  deja un reguero de «reyes desnudos». Nada hay peor para un gobernante que transmitir impotencia. Bien es cierto que el «nadie puede hacer nada» resulta  ser una buena escusa, pero de corta duración. Cuando la idea «si tú no puedes que venga otro» se asienta, los dirigentes pierden su atractivo  casi de forma inmediata. Ante ello solo queda el optimismo, como vemos ahora en los gobiernos pero también en los mercados. Sentimiento que puede ser contagioso y hasta necesario a fin de no mirar atrás, sino creer en un futuro mejor e incluso hacerlo posible.

La campaña electoral autonómica de Madrid es un buen ejemplo. Frente a muchos de sus pares en otros gobiernos regionales, Isabel Ayuso hace tiempo que apostó por la iniciativa de la sociedad, tratando de combinar seguridad  sanitaria y actividad  económica de una manera mucho más decidida que otros gobernantes, aquí y en el resto de Europa. El fallo esplendoroso en la distribución de vacunas está impidiendo  a la población  española poder creer en la superación de la pandemia, al menos de momento. El gobierno autonómico de Madrid plantea vivir con ella de la mejor manera posible. Esta vez es la izquierda quien recurre a los mensajes de cautela ante los posibles riesgos, tratando de presentar una realidad sanitaria madrileña mucho más deteriorada que en otros lugares, un esfuerzo que aparece exagerado y que les  lleva a afirmar grandes inexactitudes.

El triunfo electoral del optimismo el 4 de mayo en Madrid sería una muy mala noticia para un Gobierno Nacional conocedor que las dificultades no se acabaran cuando todos  estemos vacunados. Las  heridas de enfermedad y muerte no se cerrarán con la superación de la actual tensión sanitaria. A lo que hay que añadir  una situación socioeconómica con altas tasas de paro y deuda pública. Encrucijada para la que no parece haber respuesta, a juzgar por la reiteración en presentar el mismo Plan de ayudas europeas una y otra vez, siempre con altos niveles de inconcreción. Así el Gobierno Español trata de infundir un optimismo basado en una promesa de abundancia de fondos europeos, mientras los sectores  económicos concretos ven asomar sus respectivos pies por debajo de la manta.

Ayuso por su parte practica dejar hacer, confiando en que cada cual se arregle sus problemas. Irremediablemente unos lo consiguen y otros no. Sánchez no deja hacer, realiza poco por su parte y promete una histórica pedrea de fondos europeos. Nada le puede venir peor que un gran éxito de Ayuso. Lo sabe y actúa en consecuencia,  aunque generando con sus constantes y desmesuradas críticas un cierto rechazo de los madrileños. «Es el optimismo, tonto», que diría Bill Clinton.


Este no es una situación específica española. En Italia han traído al genio benéfico de Mario Draghi para poder confiar en el futuro. Joe Biden riega su economía con dólares para un futuro mejor inmediato. Hasta Boris Jonshon quiere demostrar en la rapidez  relativa de la vacunación las ventajas del Brexit. Se siente que todos los gobernantes reconocen que sus electorados están hartos. Tanto Emmanuel Macron como la Unión Cristiano Democrática alemana no encuentran el camino. Problema distinto, pero no totalmente, en los regímenes totalitarios, donde no hay libertad pero si opinión pública.

Los mercados también buscan ser optimistas y muchos lo consiguen, basados en el activismo público fiscal y monetario. La cobertura de los Bancos Centrales promete liquidez hasta que no haya duda sobre la recuperación, en las economías desarrolladas. En las otras, un ojo está puesto en un valor del dólar que permita atraer inversión hacia sus  monedas. Aquí la laxitud prometida por la Reserva Federal es una bendición para gobernantes e inversores por doquier. China sin embargo ya está subiendo tipos, lo que enseña que toda expansión tiene su fin. Tanto ellos como Estados Unidos necesitan el mercado del otro para superar definitivamente el aciago 2020, lo que podría abonar una cierta distensión geopolítica. Buenas noticias para el eterno tercero en discordia, la Unión Europea. Permitámonos ser optimistas por un tiempo, aunque solo sea para recuperar el animo pero sabiendo que mucho ha cambiado y que la digestión será larga.

jueves, 15 de abril de 2021

La vuelta de los impuestos

Rodrigo Rato 

16 de abril de 2021 


El norteamericano Benjamin Franklin ya nos dijo «que en la vida hay dos cosas seguras, la muerte y los impuestos». George Harrison escribió y canto «Taxman» en 1966, cuando todo era subir los impuestos, en la fase final de la política económica que comenzó en 1945 con el Estado como protagonista de un mundo endeudado y arrasado por la II Guerra Mundial. En 1979 llegaron Margareth Thatcher y Ronald Reagan. «El Estado es el problema», «hay que dejar a la bestia sin alimento» y otros eslóganes que fueron extendiéndose hasta Tony Blair con el Nuevo Laborismo y Bill Clinton con la Tercera Vía. Privatizaciones, desregulaciones y globalización eran las reglas nucleares de las políticas económicas hasta en la China comunista, nunca mejor dicho. El mayor éxito del capitalismo se ha producido en un país comunista.

2021 nos trae el gran cambio desde Estados Unidos. Subir los impuestos. Antes los gastos y las deudas se han disparado allí y en todos sitios. Una cosa lleva inexorablemente a la otra. El dominio de la austeridad impidió el crecimiento de las deudas en la crisis del 2008, a costa de bajo crecimiento y el aumento de las desigualdades. Pero hace más de 10 años que el Estado empezó a intervenir de forma masiva en los mercados, comprando deuda y activos financieros. Un reparto de riqueza cada vez más concentrado en los partícipes en los mercados de capitales.

EE.UU. ha inaugurado un activismo fiscal desconocido en tiempos de paz. Primero con Donald Trump bajando los impuestos, después aumentando el gasto para compensar los efectos económicos de la Covid. Pocas alternativas le quedaban a su sucesor que seguir repartiendo dinero público, incluso muy por encima del daño económico producido por la pandemia. ¡Quien pudiera! pensaran muchos. Inevitablemente los impuestos han pasado al centro de la política económica. Las cuestiones es saber elegir cuáles y cuando. No es tan fácil.

Contrario a lo que sostiene nuestra Agencia Tributaria, la recaudación no depende principalmente de los tipos impositivos ni de la persecución tributaria. De poco sirve subir los impuestos en una economía en caída. Biden lo sabe bien y ha elegido a las grandes empresas globales norteamericanas con ingresos en todo el mundo para sus incrementos impositivos. Ellas han sido las mayores beneficiarias hasta ahora de la competencia entre Estados por ofrecer bajos tipos en el Impuesto de Sociedades. Las protagonistas de la digitalización y el teletrabajo son en gran parte norteamericanas. Así, nada será mejor que un tipo mínimo para las empresas norteamericanas, desde el punto de vista del Estado norteamericano. Los europeos no podrán negarse, llevan años pidiéndolo. Los ingresos gigantescos se producen en las tecnológicas, principalmente norteamericanas o chinas. Serán pues estos Estados los grandes beneficiarios de un pacto en la OCDE sobre impuestos empresariales.

La Administración Norteamericana sabe bien que el mercado doméstico no es donde está el tesoro. Pero no todos los países están en sus circunstancias. Bien es cierto que los consumidores europeos compran muchos productos de las tecnológicas. Esa será la prioridad europea, la llamada “ tasa Google” aprobada pero no aplicada por varios países europeos, temerosos ante las posibles represalias comerciales. Donde la Unión Europea lleva la delantera es con respecto a la imposición medioambiental. Una futura tasa al carbón ya ha llevado a la Administración Biden a oponerse a los planes europeos de aplicarla. “Sería la última solución” ha afirmado John Kerry , encargado por Biden de la política frente al cambio climático. Todo apunta a una importante negociación sobre impuestos empresariales y medioambientales entre los socios atlánticos. Aunque otros actores, sobre todo asiáticos, tienen sus bazas. La globalización ya no es anglosajona, europea y blanca.

La necesidad de reducir el peso de las deudas con los respectivos PIBs exige crecer, aumentado los potenciales de cada economía. Subir los impuestos a los ciudadanos y las empresas domésticas para pagar las deudas de la COVID puede ser contradictorio con la necesaria expansión. Esta contradicción lleva ya a buscar nuevas áreas para recaudar. La mayor parte de ellas globales, ligadas a la tecnología y a la energía. La agenda está servida.

jueves, 8 de abril de 2021

Recuperación sin dinero

Rodrigo Rato 

9 de abril de 2021


Los datos recientemente conocidos del nivel de déficit público español en 2020 alcanzan el 10% de nuestra renta nacional, siendo coincidentes con las cifras conocidas del aumento de deuda pública en el mismo año. En términos históricos ambos se sitúan en récords en época de paz, lo que también le sucede a otros muchos países desarrollados. La esperanza era que 2020 fuera un año único, marcado por la pandemia, pero todo apunta al que al menos en la Unión Europea las cosas seguirán igual hasta mediados de este año, con repetidos cierres y confinamientos en muchos países europeos, incluyendo la mayoría de las Comunidades Autónomas españolas, con la excepción de Madrid. La Ministra de Hacienda resaltaba que esta cifra de déficit público era

menor que la inicialmente prevista, debido a un mejor comportamiento de los ingresos tributarios, al parecer ligado al hecho que los ingresos salariales a través de los llamados Ertes han permitido sostener la recaudación. Estos días conocíamos las previsiones para 2021 de la Agencia tributaría con un aumento del 5% en la recaudación del Impuesto sobre la Renta, que se contrapone con la caída experimentada por el conjunto de los salarios y el aumento del desempleo. Habrá que esperar a las cifras reales, que serán conocidas en el año 2022.


La pregunta clave es ¿cuál será el nivel de crecimiento económico español una vez recuperada la normalidad? Una parte de la apuesta gubernamental está ligada a los prometidos fondos europeos, detenidos de momento por la intervención del Tribunal Constitucional Alemán, en lo que debería solo ser un retraso. Una vez más es necesario reiterar lo imprescindible que supone acompañar a este máximo de 140.000 M €, durante al menos 3 años, con inversión nacional. Esta tendrá que ser en su mayor parte privada, doméstica o extranjera. Hasta ahora, en 2019 antes de la pandemia, ambas sumaron 8.500 M €, una cifra récord pero escasa, representando sensiblemente menos del 10% del PIB. Además una parte relevante de la extranjera se refería a compra de empresas, no a nuevas inversiones. Tampoco debemos olvidar que esta tradicional división entre inversores va perdiendo su sentido en una economía con total libertad movimientos de capitales, como la española, que además es un país euro, la segunda moneda mundial, lo que permite a los españoles actuar en los mercados mundiales con total transparencia y facilidad.


La siguiente pregunta clave debería ser como hacer a nuestra economía más atractiva a la inversión. A su favor tiene nuestra pertenencia al primer bloque económico del mundo, la Unión Europea, donde somos 27 países, y al euro, 19 países. Socios pero competidores para atraer la confianza de los inversores. Poco se puede insistir en la urgente necesidad de crear un mercado de capitales integrado.


Industrias donde España es destacada a nivel mundial como el turismo o los componentes de automóviles atraen inversión. El reciente compromiso de Renault sobre su futura presencia en España indican que sabemos y podemos atraer inversión internacional en sectores altamente avanzados pero también sindicalizados. El turismo por su parte es un viejo conocido con el que nos ha ido muy bien, España es líder mundial lo que no nos sucede en otras áreas. Por desgracia este es uno de los sectores más castigados por la Covid con una caída del 80% de la entrada de turistas, lo que inevitablemente está produciendo una descapitalización. Aquí las nuevas normas regulatorias internacionales han endurecido las condiciones para los préstamos bancarios, a fin de evitar riesgos de rescates públicos a los bancos, lo que abre dos caminos para la recapitalización del sector turístico español: ayudas públicas o capital privado. Las primeras dependerán de la Unión Europea en su vuelta a las normas de control presupuestario, las segundas del atractivo de beneficios en comparación con otros destinos. Parecería lógico que un sector que representa la mayor industria nacional, con fuerte creación de empleo y muy repartido geográficamente atrajese la máxima atención política. Sorprendentemente no es así, incluso se oyen voces oficiales que plantean la hora de su substitución como no por nuevas actividades ligadas al cambio climático. Un exponente máximo del debate irreal con la utilización de eslóganes de moda, para encubrir el vacío


La realidad es que si España no puede atraer capital privado para actividades que se han demostrado rentables durante décadas, sin duda con las transformaciones tecnológicas necesarias, nuestro potencial de crecimiento no recuperara los niveles de 2019 en varios años, lo que es equivalente a los de empleo y prosperidad. No hay precedente en el mundo de economías que dejen de ser atractivas en sus actividades principales para pasar a serlo de inmediato en otras nuevas y hasta ahora inexistentes. La excelente noticia de la confianza de la multinacional francesa Renault ofrece un ejemplo español a seguir, en relaciones laborales, tecnología, regulaciones de todo tipo y del funcionamiento administrativo. ¿Por qué el debate político ignora la urgencia de la situación presente? Lo que no puede estar muy lejos de la fragmentación creciente del voto. Una búsqueda incesante por parte de los votantes de planteamientos acordes con lo que perciben.

«A las cosas!!», pedía Ortega hace casi 100 años. No puede ser más actual. Será en las cosas donde los inversores fijaran su atención para devolvernos la prosperidad perdida, Sin ellos hemos entrado en un deslizamiento hacia atrás.

jueves, 25 de marzo de 2021

Desestabilizaciones territoriales

 Rodrigo Rato 

26 de marzo de 2021  



Las Comunidades Autónomas españolas llevan  en vigor  en su conjunto casi 40 años. Independientemente de otras consideraciones sobre sus efectos en la unidad de mercado, el exceso regulatorio o la quiebra de una educación igual en toda España, las CCAA han sido fuente de estabilidad política, con Gobiernos que se han mantenido durante decenios, con mayorías socialistas hasta 1995 y del Partido Popular después. Los territorios con partidos nacionalistas o regionalistas fuertes han sido todavía más estables, sobre todo el País Vasco pero también aunque en menor medida Navarra y Cantabria. Cataluña fue extraordinariamente estable con Convergencia i Unió, para entrar en un proceso contrario a partir de la inclusión de la independencia entre las prioridades políticas, que ha acabado por convertirse en el eje de su debate político, lo que al parecer se va a reproducir con el nuevo Gobierno.

El reciente y creciente fraccionamiento de los mapas políticos regionales hace difícil la existencia de Gobiernos apoyados por un solo partido, con la excepción del caso del PP en Galicia. En las últimas semanas se ha acelerado un proceso de intentos de cambio de gobiernos en tres CCAA a través de mociones de censura. Los tres han fracasado pero han producido un precedente de inestabilidad con graves consecuencias. Pese a los designios soberanistas, las CCAA españolas como sus parientes federales en otros países, están centradas en la gestión más que en planteamientos ideológicos. Razón que explica, entre otras cosas, la estabilidad  de los Gobiernos a lo largo de varios periodos a la que me he referido antes. Continuidad en el tiempo ligada a una suficiente satisfacción de los votantes con el status quo. Algo equivalente sucede en los países federales. Estabilidad y eficacia de la descentralización política frente al centralismo.

La ultra politización de la vida regional y también de la local desplazaría la atención en la gestión hacia cuestiones ideológicas e identitarias. La colaboración del Gobierno de la Nación en estas operaciones puede resultar en aún mayor inestabilidad a nivel nacional. La duración de los Gobiernos no es un bien en sí mismo, dependerá sobre todo de lo que realicen con ella. La existencia de controles parlamentarios y libertad de expresión son ya en sí mismos garantía de control, como la independencia judicial y de los órganos de control de la propia Administración. El intento de establecer cambios políticos estructurales, constitucionales, a través de las CCAA ya sean lingüísticos o soberanistas anulará la atención en la gestión, en resolver los problemas de los ciudadanos para centrarse en construcciones nacionales. Ningún Estado Federal consiente tales desviaciones, tanto legalmente como por las respectivas opiniones públicas. En España sí se hace bajo el axioma de que “se puede defender todo en todos sitios”. Nada menos federal.

Los intentos de cambio de mayorías por pactos en mitad de legislaturas, lo que se denomina coloquialmente “mercadeo”, extiende la politización de la política regional más allá de los temas independentistas a regiones como Madrid, Castilla y León o Murcia. No es una buena noticia y va en la dirección contraria a lo deseable. No hay nada poco democrático en la utilidad práctica de los Gobiernos. Es más, resulta ser el principal atractivo de acercar la capacidad de decidir al ciudadano. Con la promulgación de más de 8.000 normas anuales, las CCAA suponen un riesgo serio de excesiva burocracia y reglas aplicables a mercados diminutos.  Por ello está más que cumplida la hora de dotar al Senado de capacidades normativas suficientes para legislar en temas autonómicos. Algo que sin duda no satisfará a los partidos independentistas, pero en todo caso sus ciudadanos y sus intereses económicos, comerciales, pero también sociales y sanitarios, entre otros, se proyectan mucho más allá de cada territorio autonómico, por lo que la existencia de reglas comunes es beneficiosa para todos.

Desde 1978 el las grandes crisis de nuestro sistema político han estado ligadas a planteamientos independentistas: ETA y el «procés». Ambos serios intentos de violentar nuestra Constitución, el primero además utilizando el terrorismo y el segundo un golpe de Estado desde un Gobierno autonómico. La respuesta de los sucesivos Gobiernos en ambos casos ha sido la aplicación de la ley. Sorprendentemente las respuestas políticas se han dejado a la iniciativa de las fuerzas separatistas. No podemos seguir así.

Ha habido varias ocasiones perdidas para acordar la instauración de un verdadero Estado Federal. Pero nunca es tarde. La alternancia de dos grandes partidos nacionales también en la mayoría de las CCAA, con dos excepciones nacionalistas, funcionó. Ahora que al parecer “ la nueva política” ha entrado en crisis parcial quizás sería una segunda oportunidad de definir el papel político de las CCAA dentro de un Estado verdaderamente federal, dejando claramente las cuestiones más políticas para ese nivel, tanto si les gusta a los independentistas como si no. En ningún país democrático se puede discutir todo en todos sitios, por algo será. Fomentar la estabilidad y la utilidad de nuestros Gobiernos Autonómicos debe formar parte de esa respuesta política.

miércoles, 24 de marzo de 2021

Nota de prensa Rodrigo Rato

Rodrigo Rato 

24 de marzo de 2021 


La Fiscalía Anticorrupción publicó ayer una nota de prensa sobre su escrito de acusación en la causa que se sigue contra mi en el Juzgado 31. 

Hay varias consideraciones que me gustaría hacer:

En primer lugar, resulta increíble que una institución pública de la Justicia española utilice estos modos para atacar y dañar la imagen y el honor de una persona.

Antes de dar a conocer el escrito de acusación y por lo tanto darme capacidad de defensa, la Fiscalía Anticorrupción divulga sus argumentos en una nota de prensa, algo especialmente excluido en un procedimiento sumario.

En su discurso con motivo del año judicial de 2020, la Fiscal General hizo alusión a un inminente Código de Buenas Prácticas que espero contenga reglas respecto a la divulgación selectiva y filtración interesada. Divulgar notas de prensa en lugar de la totalidad de los escritos no protege ningún bien público ni derechos, sino todo lo contrario.

En cuanto al fondo de la acusación de la Fiscalía, según su propia publicidad, recoge principalmente hechos y supuestos delitos que no han sido objeto de la instrucción, yendo contra el propio criterio del instructor, único director del proceso, que ya ha decidido qué hechos habrían quedado indiciariamente acreditados en una instrucción que ha contado con 12 millones de documentos requisados, 6 años de duración y 16 informes de la Onif, con dos prórrogas de 36 meses, solicitadas por la fiscal, durante las cuales no se practicó ninguna nueva diligencia.

Más aún, algunos de estos hechos y delitos han sido expresamente descartados por el Instructor, que a lo largo de estos años ha calificado por tres veces las propuestas de la Fiscal de investigación prospectiva, actividad prohibida por ley pero sorprendentemente no definida penalmente.

En esta causa, como puse de manifiesto ante el instructor en febrero de 2021, además se ha llevado a cabo una investigación prospectiva, paralela y secreta, denominada Operación Tajuña, a espaldas de la defensa, durante años, por parte de la fiscal, la UCO, el Seplac y al menos un miembro de la Onif, a la sazón auxilio judicial en la causa.

No debería ser este el momento procesal para plantear una nueva causa, ante la endeblez de la efectivamente realizada, amparándose en la impunidad del papel institucional que nuestro ordenamiento jurídico otorga a los Fiscales.

Ante la omnipotencia e impunidad constante de determinadas instituciones de nuestro sistema de Justicia, no puedo sino sentirme completamente indefenso. 

Reiteró mi inocencia de los delitos que se me atribuyen, retirando los argumentos y pruebas que durante 6 años he planteado.
 
Me remito a mi escrito de defensa que presentaré ante el Juez en su fecha.

jueves, 18 de marzo de 2021

¿Guerra fría, qué guerra fría?

Rodrigo Rato 
19 de marzo de 2021 

                                                                                                                             

Desde 1948 hasta 1989 el mundo fue un campo de batalla, más o menos cruento, entre dos imperios pero también dos modelos políticos y económicos opuestos: el soviético y el norteamericano. Casi todos los países tenían relaciones diplomáticas con ambos, pero una gran cantidad estaban alienados en la confrontación por alianzas militares y de seguridad. No cabían demasiados juegos a dos manos. Las cuestiones económicas eran secundarias a las ideológicas, con el firme convencimiento del bando norteamericano, Occidente, que la libertades políticas y económicas acabarían haciendo a los ciudadanos del otro bando a obligar a sus Gobiernos a cambiar. Los ciudadanos que podían abrumadoramente huían a los países occidentales. Prácticamente ninguno lo hizo en sentido contrario. En cierto sentido desde 1978, a la muerte de Mao Ze Dong, China aunque el mayor país comunista buscaba la prosperidad capitalista. “Da igual que el gato sea blanco o negro, lo importante es que cace ratones” fue la frase de Deng Xio Ping anunciando el más intenso cambio económico en la Historia.


La desaparición de la Unión Soviética tuvo entre otras consecuencias una consolidación del comercio mundial, la globalización, de la que China ha resultado ser la gran beneficiaria con más de 20 años creciendo al 10% anual acumulado. Con la antigua Guerra Fría está Globalización hubiera sido imposible. China dio al resto del mundo, primero mano de obra barata, luego ahorro casi ilimitado, y ahora millones de consumidores prósperos. Pero es y quiere seguir siendo un país totalitario, con un Partido Comunista omnímodo y un Estado que impone sus reglas en la política internacional, con graves ataques cibernéticos a otros muchos países. En la campaña electoral de Norteamérica de 2012, el candidato republicano Mitt Romei, identificó a Rusia como el adversario principal de Estados Unidos. En 2021 Republicanos y Demócratas solo coinciden en una cosa: que China es su adversario.


Banqueros, industriales, compañías tecnológicas, de consumo, fabricantes de coches, agricultores y ganaderos norteamericanos, todos y más, comercian con China y quieren aumentar sus compras y ventas. El déficit comercial norteamericano con China aumentó bajo Donald Trump, quien le impuso severas sanciones comerciales. El Estado chino tiene más de 1 billón de dólares de deuda de EEUU. Pero no solo ellos China es el principal socio comercial de casi todos los países del mundo, que buscan atraer a sus inversores o a sus turistas y consumidores. 300.000 jóvenes chinos estudian en Universidades norteamericanas. Si hay guerra es distinta esta vez. Para empezar la economía mundial, desde luego la europea y la norteamericana, pero también la Latinoamericana, la del Sudeste Asiático, la australiana o la canadiense, no podrían resistir el hundimiento chino, y la mayor economía mundial en paridad de poder de compra. Todo ello sin estado de derecho, ni convertibilidad de su moneda. Tampoco ellos absorberían con facilidad la crisis de los demás, es más, en 1998 y en 2008 fueron imprescindibles en el sostenimiento de la economía mundial. En 2021 su gran economía será una de las dos locomotoras del crecimiento mundial, la otra EEUU.


Es difícil encontrar en la historia un ejemplo de tanta interdependencia y creciente enfrentamiento. Desde luego China quiere ser una potencia militar, ya lo es en términos regionales. Ningún país asiático puede competir militarmente con ella, lo que entre otras cosas está generando algo que había desaparecido con la anterior Guerra Fría, una carrera de armamentos, circunscrita a Asía pero innegable, en la que la nueva Administración norteamericana se ha comprometido seriamente. Desde hace más de 10 años el Gobierno chino ha aumentado sus préstamos a otros países, con una cartera mayor que el Banco Mundial, y de la Nueva Ruta de la Seda financiando infraestructuras en todos los continentes. Venezuela pero también Pakistán o Myanmar, Etiopía tienen grandes deudas con ellos. En muchos sentidos China no es un país expansionista pero tiene mentalidad y anhelos imperiales, probablemente inevitables dado el tamaño de sus intereses. Sus prácticas de ataques cibernéticos pueden acabar con un único sistema de internet como hoy lo cocemos, su poco respeto a la propiedad intelectual es la mayor amenaza al comercio mundial en una economía cada vez con más inversión intangible.


La nueva guerra fría afecta de lleno a la globalización basada en la interdependencia y la búsqueda de eficiencia, para buscar independencia y autosuficiencia, sobre todo en los avances tecnológicos: 5G, semiconductores, Inteligencia Artificial, biogenética, donde las consideraciones de seguridad nacional son ahora prioritarias. Una guerra pero compartiendo consumidores, inversores y turistas es quizás más un mundo anterior a 1914.

sábado, 13 de marzo de 2021

Dilaciones europeas

Rodrigo Rato 
12 de marzo de 2021   

La llegada de Mario Draghi al Consejo de la Unión Europea, como Primer Ministro de Italia, ha puesto sobre el tapete la tensión que varias naciones y desde luego sus poblaciones tienen sobre el desarrollo de la vacunación frente a la COVID 19, con Reino Unido vacunando casi el 40% de su población, Estados Unidos casi el 30% frente al 10% de la UE. Al contrario a la habitual actitud de «no meneallo», el italiano expuso quejas respecto a la gestión europea que hasta su compatriota Salvini respaldó , de vuelta a casa congeló el envío desde Italia de vacunas a Australia. Esta anécdota es una categoría . Los europeos tienen motivos para sentirse insatisfechos ante una situación en las que les va peor que a los demás . Se trata de decirlo y no ser acusados de “malos” europeos. La categoría es que la UE resulta habitualmente, y para casi todo, lenta. Unos dirán que mover a 27 países es complicado, y tienen razón , otros que la burocracia de Bruselas vive aislada y feliz, y también la tienen.

La llegada del mundo post pandemia depende en primer lugar de las vacunas, de su presencia física. Los Estados nacionales tienen capacidad para aplicársela a los ciudadanos, como hacen con tantas otras. Pero hay más cosas. Los estímulos, el crecimiento y el futuro. La UE actuó decisivamente en 2020 sobre todo en demostrar que no iba a cometer los mismos errores de la crisis anterior, mezclar crisis con austeridad como Estados Unidos… pero en 1929. Sin embargo la aplicación del llamado Plan de Recuperación y Resiliencia tardará en empezar 12 meses como poco, hasta el verano de 2021. Mientras tanto cada país está haciendo lo que puede. En todo caso menos que sus principales competidores China y EEUU, que en 2021 o antes recuperarán los niveles económicos de 2019. En temas de pérdidas de empleo y riqueza los retrasos pueden convertir lo coyuntural en crónico . La propia Italia es un buen ejemplo. 

Pero la economía mundial de 2021 no es la de 2020. Pese a los extraordinarios compromisos de mantener los intereses cercanos a cero, por parte de los principales Bancos Centrales de los países desarrollados, los tipos están subiendo, más de 50 puntos básicos en EEUU y casi 30 en Alemania. Las curvas se han desplazado hacia arriba y aumentado su pendiente, lo cual indica una previsión de crecimiento futuro. En si es una buena noticia que nos indica más altos tipos en el futuro que en el presente, según los fundamentos económicos van pesando más en las expectativas que las masivas inyecciones de liquidez. Los Bancos Centrales según esta teoría cambiarán en dos años sus políticas ante un mayor dinamismo y una mayor inflación, ya que no solo las curvas de tipos sino también los precios de muchas materias primas están subiendo. Este escenario no es el mejor para el aumento de las deudas, alentadas por los propios Bancos Centrales, aunque es el más positivo para el futuro de la economía mundial: más crecimiento y empleo, con precios más altos. 

La base teórica en la sostenibilidad de las actuales políticas macroeconómicas, para muchos no solo el final de la austeridad sino del neoliberalismo que nació en 1980, radica en unos tipos de interés inferiores al ritmo de crecimiento. Así el peso de una mayor deuda puede ser sostenible. Llevamos años viviéndolo, con una caída de casi 4 puntos del PIB, desde 1998, en el montante de intereses que pagan los países desarrollados, aunque el montante nominal de la deuda ha aumentado. Ahora la cuestión es si la caída secular de los intereses durante 30 años ha llegado a su fin. Nada muy llamativo habida cuenta que muchos son negativos, casi 15 billones a nivel mundial en los últimos años. Este cambio de tendencia coincidiría con los mayores niveles de deuda de los Estados desde 1945. Una de las grandes contradicciones de la actual situación.

El otro elemento de la sostenibilidad radica en el ritmo de crecimiento. Tanto China como Estados Unidos, que representan el 45% de la economía mundial, están apostando decididamente en acelerar sus tasas de crecimiento. El Congreso del Partido Comunista chino lo acaba de cifrar como objetivo en los próximos años el 6%. EEUU puede crecer a esa cifra en 2021. La UE va más despacio, pero la influencia de la curva de tipos norteamericana está empujando hacia arriba su equivalente en euros. Lo que no es la mejor noticia para una economía euro todavía lastrada por la pandemia. La UE querrá beneficiarse del doble tirón chino- norteamericano vendiéndoles más. El consumidor norteamericano tiene 1.5 billones de dólares en exceso de ahorro, ¡Menudo tesoro! Ellos a su vez no quieren monedas fuertes para reducir esas exportaciones. Mientras el Mercado Único no acaba de cumplir sus objetivos. La zona euro era hasta 2019 una de bajo crecimiento relativo y fuerte exportación, pero ahora con decenas de puntos de PIB en más deuda el modelo tiene más contradicciones. La habitual lentitud europea no es ahora lo más conveniente. Bienvenida sea la impaciencia del señor Draghi. ¡A ver si resulta contagiosa! 

miércoles, 3 de marzo de 2021

Senderos españoles

 Rodrigo Rato 

5 de marzo de 2021 


Transcurridos holgados los primeros 12 meses del nuevo Gobierno social comunista en España, con apoyos parlamentarios de independentistas vascos y catalanes, las perspectivas electorales son relativamente estables, hasta mayo 2023 cuando se celebren elecciones autonómicas y municipales. Estabilidad indudablemente no exenta de riesgos dado el largo número de partidos que componen la necesaria mayoría parlamentaria, las diferencias de programas dentro incluso del Gobierno, los temas tan difíciles que se podrían plantear, como un referéndum sobre la independencia de Cataluña, que al margen de sus implicaciones legales tendría unas innegables consecuencias políticas para toda España. En estos 14 meses se han celebrado tres elecciones autonómicas que han dado resultados continuistas para los correspondientes Gobiernos. Todas ellas con participaciones menguadas, que podrían estar ligadas a la pandemia pero también a un creciente escepticismo del electorado. Parece que el previsible desgaste de los gobernantes durante un año de restricciones sociales y pandemia no se ha materializado. Antes al contrario han resultado las oposiciones las perdedoras tanto en Galicia, en el País Vasco como en Cataluña. 

En esta última se ha producido un notable cambio en el partido más votado, a favor del Partido Socialista de Cataluña desde Ciudadanos, ganador hace 3 años. Esta vez han sido los primeros los triunfadores al ser capaces de mantener sus votos frente a una caída generalizada para los demás respecto a diciembre 2017. Sin embargo parece más que posible la designación parlamentaria de otro Gobierno exclusivamente independentista, radical tanto política como socialmente. Así a diferencia de Galicia y el País Vasco donde la continuidad supone estabilidad con Gobiernos orientados hacia la gestión, en Cataluña se mantendrá un alto grado de tensión hacia dentro y hacia fuera, acompañado de un acelerado deterioro económico, lo que dada las dependencias parlamentarias del Gobierno Central se puede trasladar al conjunto de España. 

Hasta ahora la gestión de la pandemia y sus consecuencias humanas, sociales y económicas sitúan a España a la cola de los países desarrollados , sin que el Gobierno de Pedro Sánchez parezca resentirse en expectativas de voto, tampoco desde luego crecer. Este impasse sí parece afectar al primer partido de la oposición, el Partido Popular, frenado a su derecha y a su izquierda, al que los más que previsibles resultados de Cataluña parecen haber cogido por sorpresa. Además el cruce de la barrera de 4 millones de parados, con casi un millón más en ERTE, no está todavía produciendo el habitual desgaste a quien gobierna , como si sucedió en 1996,2011 y 2016. Es cierto por desgracia , que la evolución económica española está llena de riesgos, el mayor quedarnos rezagados en la recuperación con respecto a la zona euro, a su vez retrasada con respecto a otras economías. En cierto sentido el deterioro catalán puede extenderse al conjunto, con un Parlamento Nacional incapaz de promover las reformas que generen crecimiento, lo que resultaría en unos “ deterioros permanentes” como ha puesto de relieve recientemente el Gobernador del Banco de España. 

Además la apatía política del electorado puede indicar una pérdida de expectativas muy negativa para promover la inversión y el empleo. La distintas mayorías parlamentarias interpretarían equivocadamente este continuismo como aquiescencia que les lleve a proseguir en la inacción con los grandes asuntos: empleo, inversión, educación, seguridad juridica. Como ejemplos, la continua reducción de la productividad del sector público, cada vez mejor pagado respecto al privado y trabajando menos, que contrasta con el constante aumento de productividad en el sector privado. O la presión en la búsqueda de ingresos fiscales provenientes de una actividad empresarial inmersa en una histórica crisis de demanda . La confianza mesiánica en los fondos de Reconstrucción Europeos contrasta con la ausencia de concreción en la mecánica de su utilización. No resulta aventurado presagiar una combinación de apatía política y de desconfianza económica que se retroalimentarían peligrosamente. La ruptura de ese bloqueo en una democracia acrecienta las posibilidades del crecimiento de fuerzas radicales y populistas. Todo ello muy alejado del centrismo y la moderación que han dado tan buenos resultados en los últimos decenios a la sociedad española. 

jueves, 25 de febrero de 2021

Historia de dos ciudades

Rodrigo Rato 
26 de febrero de 2021   


Febrero de 2021 se cierra con el firme compromiso del nuevo Gobierno norteamericano de “ ir a lo grande”(“ act big”) declarado por su flamante Secretaria del Tesoro Janet Yelen, la primera mujer en serlo después de haberlo sido antes Presidente de la Reserva Federal, todo ello como colofón de una impresionante carrera académica. La mejor de los whaps, no se puede pedir más. Pero nada asegura el éxito. Yelen apunta a movilizar hasta el 30% de la renta nacional, incluido lo realizado por su antecesor, de la mayor economía que ha habido en el mundo. Súmenle un 9% de apoyos monetarios desde la FED. Decisiones que entierra 30 años de confianza única en el sector privado para generar crecimiento, que comenzó en 1980 después de los fracaso de una década de inflación y bajo crecimiento. La economía mundial es desde luego bien distinta hoy que hace 40 años, durante los cuales entre otras cosas los bonos soberanos subían de precio ininterrumpidamente mientras bajaban constantemente los intereses. ¿ Será esta apuesta por la omnipotencia del gasto público el comienzo de una nueva era? Aunque solo sea por el saldo creciente de deudas, si lo es. El déficit público de Madame Yelen en su primer año de gobierno rondará el 14% de la renta nacional. Big de verdad.

Casi en los mismos días, a varios miles de kilómetros hacia el este, otro septuagenario ex banquero central y también privado, alto funcionario de finanzas, aceptaba las riendas de la tercera economía del euro, Italia. Mario Draghi ya había marcado la historia de la política económica europea prometiendo “ hacer lo que hiciera falta para salvar el euro y, créanme , será suficiente” en julio de 2012. Con esa frase y lo que vino después Draghi movilizó el balance del Banco Central Europeo para acabar con la crisis de deuda soberana , que la austeridad impuesta por Alemania había agravado. Desde su despacho de Frankfurt demostró que se podía hacer algo diferente y efectivo. No muy distinto de lo que el antecesor de Janet Yelen en la FED había puesto en marcha como respuesta a la Gran Recesión de 2008.

El nuevo Primer Ministro italiano ha centrado su programa en la búsqueda de una sociedad más justa y mejor, cambiando su sistema tributario para que salarios e ahorro paguen menos, aumentar la inversión, mejorar la educación y modernizar el Estado. Un programa de confianza en el sector privado que busca aumentar el crecimiento italiano, que hoy por hoy produce per capital lo mismo que en 1998. Dos ciudades, Washington y Roma, buscando un nuevo camino para sus economías después de la COVID, pero también para superar las frustraciones y divisiones sociales generadas por la anterior crisis. Norteamérica busca en la contratación privada volver al pleno empleo, pero ahora con 15$ la hora de salario mínimo, sin deudas de los universitarios y con una economía verde. Roma cree que de la flexibilidad y la eficiencia vendrá un crecimiento inclusivo que elude a Italia desde hace más 2 decenios.

Hace años habríamos destacado la diferencia en la estabilidad política entre una y otra. Pero en 2021 las dudas sobre el sistema político norteamericano son una realidad. Por su parte Draghi tiene detrás de sí a todos los partidos políticos. Nadie sabe por cuánto tiempo. Solo por el tamaño lo que haga Yelen nos repercutirá a todos. Una economía norteamericana gastona, aún con un dólar débil, es la locomotora que todo el mundo espera. Además ahora, a diferencia de antes, no será necesario el ahorro chino para financiarla, la FED lo comprara todo. Así los dólares recién impresos inundarán el mundo. Italia no pretende tirar de los demás países euro, al contrario busca venderles más e incluso quitarles exportaciones. Es bien distinto, pero representa el más serio intento de reparar una creciente y amenazadora división de la zona euro, entre el norte y el sur. Muy importante también, no solo para Europa.

No todo puede salir bien. Roma puede devorar a Draghi como antes lo hizo con Monti, Ciampi, Dini, todos ellos ilustres tecnócratas del Banco de Italia. El respaldo de la Unión Europea es máximo en el año que Alemania eligirá un nuevo Canciller, el próximo septiembre. Para entonces el riesgo de una salida a varias velocidades de la COVID puede dominar el debate europeo, sobre todo en la zona euro. En 2021 los distintos márgenes de gasto público entre países se están manifestando con manera rotunda. En EEUU varios insignes economistas de centro izquierda avisan de un exceso de impulsos que amenaza con acabar en un recalentamiento, con la amenaza de una subida de tipos que aborte la recuperación. Roma y Washington plantean en estos principios de 2021 planteamientos ambiciosos, incluso novedosos, no ya solo para superar las consecuencias de la COVID sino las políticas macroeconómicas a ambos lados del Atlántico. Sus consecuencias serán trascendentales. Buena suerte. 

domingo, 21 de febrero de 2021

Palancas y presiones

Rodrigo Rato 
19 de febrero de 2021   

Tucídides nos contempla desde más de 2500 años recordándonos no solo los riesgos de enfrentamiento entre el poder declinante y el emergente, sino  que la guerra se produce por” el miedo, el honor o la ventaja”.  La reciente visita del Alto Representante de la Unión Europea, Josep Borrell, a Moscú ha realzado la importancia de la tercera causa, la ventaja. Poca o ninguna tenía la UE al visitar Moscú a los pocos días del nuevo encarcelamiento del opositor Navalny, en un acto inadmisible para Occidente. Todavía peor, el sr Borrell mezcló el tema de las vacunas en su intervención pública junto al Ministro de Exteriores ruso, Sergey Lavrov , reforzando la impresión de quien tenía la  ventaja. Circunstancias parecidas acompañaron las tensiones entre Donald Trump y Xi Jingpin los últimos dos años, salvo cuando el Presidente  norteamericano amenazaba a una empresa china concreta con impedirle el acceso al mercado del dólar. Difícil de compaginar la seguridad jurídica de los inversores  con la Razón de Estado en una democracia liberal.

La interacción económica era la esperanza de ir suavizando el totalitarismo con el libre comercio, sobre todo en China. Pero 2020 ha decepcionado mucho en este aspecto. Mientras que tanto EEUU como la UE firmaban ambiciosos pactos comerciales con China, sus autoridades endurecían las libertades en Honk-Kong, Sinkiang  y presionaban militarmente a Taiwán. Rusia por su lado nunca ha pretendido ser  en economía más que un exportador de materias primas, vecino de una Europa sedienta de gas. La ventaja militar Europea no existe, con sólo un país con armamento nuclear y capacidad de intervención fuera de sus fronteras, Francia. Era y sigue siendo el paraguas norteamericano la verdadera ventaja, pero no es propiedad de los europeos. 

Tanto los mercados europeos como los norteamericanos son imprescindibles para cualquier economía del Mundo, pero no está claro que esto sea una ventaja  sino  más bien una mutua dependencia. En la Guerra Fría los mercados estaban prácticamente cerrados a los adversarios, solo había la presión militar. Después  Occidente ha ido  librando guerras foráneas, como Afganistán o Siria, con resultados desalentadores. China en realidad no mantiene conflictos militares, salvo en su frontera con la India, aunque nadie duda de su creciente capacidad militar y ,lo que es tan importante, su voluntad de  recurrir a ella. También ha demostrado una capacidad totalitaria de utilizar el comercio  como presión. Rusia  por su  parte parece especializada en intervenciones militares semi encubiertas como en el Este de Ucrania, Siria o Libia, demostrando una eficacia sorprendente. 

Estados Unidos y sus Aliados tienen importantes estructuras comunes  de defensa desde hace mucho tiempo, pero ni los resultados ni la voluntad están en alza. Se le puede echar la culpa a Donald Trump de haber enfriado las relaciones con Europa y Asía. Cierto o no, la realidad es que todos los países involucrados albergan grandes dudas sobre el grado de compromiso en una situación extrema de los demás aliados. Siendo el caso turco un tema a parte, y malo, que tanto en Libia como en Azerbaiyán  está más cercano a los rusos. Las supuestas ventajas norteamericanas y europeas han disminuido a todas luces respecto al único país islámico miembro de la Alianza Atlántica. 

Después de más de dos decenios de predominio de la economía la geopolítica ha vuelto, con su feo aspecto de que la fuerza es lo que predomina. La debilidad de Occidente es palpable cada vez que sabemos de un ataque cibernético, ora ruso ora chino. Tanto europeos como norteamericanos no creen que nadie les vaya a atacar militarmente, calculando  además que  son demasiado ricos para estropear las relaciones. Los europeos tienen alianzas militares, los norteamericanos fuerza.  ¿ Son estás suposiciones sostenibles? China desde luego no es un riesgo militar creíble  para cualquier de ellos, con los equilibrios actuales. Rusia parece más interesada en sus vecinos limítrofes. Pero ambos utilizan  con resultados la fuerza  cuando les conviene. EEUU lo hacía pero con fallos crecientes. Los  europeos se despidieron de esas tácticas en sus últimas guerras coloniales, en los distantes 1960. No es la primera vez en la historia en que las sociedades prósperas creen erróneamente tener una ventaja. Cuando llegue el momento se verá. Entonces quizás sean el miedo o el honor los desencadenantes de conflictos que los equilibrios de las respectivas ventajas no son capaces de evitar. 

viernes, 12 de febrero de 2021

Unas cosas pasan, también otras

Rodrigo Rato  

12 de febrero de 2021   




Desde 2009 la política monetaria está experimentando grandes e históricos cambios, al mismo tiempo que se adentra en terrenos desconocidos y hasta casi contrarios a sus mandatos legales. Desde los 1990 sólo el Banco de Japón había intervenido comprando deuda pública sin haber conseguido salir de la deflación. La adopción en 2009 por parte de la Reserva Federal de compras de deuda, primero pública y después también privada, le dio a estas políticas la respectabilidad de lo inevitable. En 2014 el Banco Central Europeo avanzó por los mismos derroteros, por los que con peculiaridades todos los bancos centrales de los países desarrollados están transitando. Compra masiva de deuda, de acciones, control de la curva de tipos, introducción de tipos de Intervención negativos para la liquidez que dan a los bancos. Así los mercados financieros han dejado de responder exclusivamente a las reglas de oferta y demanda basadas en fundamentales económicos. Buen ejemplo de ello es el tipo de interés de las deudas euro totalmente alejadas de la realidad o que el 30% de la deuda mundial con grado de inversión tiene ahora tipos negativos. 


La Covid ha llevado a incrementar estas políticas, que así llevan ya más de 10 años en EEUU y en Japón, a lo que se ha sumado grandes paquetes de estímulos fiscales orientados a compensar la caída de la actividad. Las realidades son distintas en cada país con EEUU a la cabeza, superando en 6 veces los estímulos de Obama en 2009. La inmensa liquidez generada por las combinaciones expansivas fiscales y monetarias también han llegado a muchas materias primas con sus precios subiendo desde hace meses, a las curvas de tipos de interés desplazándose al alza, a las perspectivas de inflación, las más altas en la zona euro en 5 años. Pero también a nuevos movimientos especulativos sobre acciones, cripto monedas y activos refugio. Las expectativas sobre monedas nacionales sobrecargadas de deuda pública, cuyo respaldo es la confianza, se erosiona. Históricamente los Estados han pagado sus excesos de deuda con inflación y depreciación de las monedas. ¿Por que tendría de ser distinto esta vez?


La tecnología también juega un papel en la creación de liquidez al permitir la aparición de mercados para todo tipo de productos con solo acceder a la red. Especulación y riesgos de sobrecalentamiento que se manifiestan de manera acelerada, con unos reguladores públicos sobrepasados. Los pequeños inversores norteamericanos derrotan a los especuladores institucionales apostando contra ellos respecto a unas determinadas acciones, con independencia de su valor fundamental. No es fácil ya saber si la FED subirá tipos con inflaciones del 2,5%, del 3% o de más. Máxime cuando con un nivel de deuda pública norteamericana en récords incrementar su coste sería recesivo, inasumible para un Presidente Biden con poco tiempo para dar resultados. Más de 100 economistas europeos le piden al BCE que condone la deuda de sus Estados, haciendo realidad el temor atávico de los países del Norte: pagar de su bolsillo las deudas de un Sur indisciplinado. No parece que los firmantes de ese documento piensen en hacer más fácil la Union Fiscal en la zona euro. Varios candidatos a las próximas elecciones catalanas plantean la condonación de la deuda. Pronto lo veremos en los debates de la Carrera de San Jerónimo con repercusión en la credibilidad financiera española.  


Es cierto que nuevas condiciones demográficas y tecnológicas llevan tiempo reduciendo los riesgos inflacionistas. Viejas relaciones entre empleo y precios pueden haber cambiado. Las compras de activos por los bancos centrales desde 2009 no generaron presiones de precios. Sin embargo el fin de la relativa austeridad fiscal para luchar contra la Covid ha multiplicado los estímulos, lo que es necesario pero puede tener consecuencias. La suspensión temporal de las ortodoxias monetarias, financieras y fiscales ha sido una necesidad y un reconocimiento de la prioridad del proteger a los ciudadanos. Lo que no excluye que avanzamos en territorios desconocidos, donde la vuelta a equilibrios se hará necesaria. Vivimos tiempos extraordinarios que exigen medidas extraordinarias por definición insostenibles en el tiempo. Aceptar que el futuro de las políticas macroeconómicas será distinto es necesario pero también genera desconfianzas. Excesiva liquidez y reducción de la confianza es el mejor caldo de cultivo para lo incontrolable. Habrá un antes y un después macroeconómico a 2020.

sábado, 6 de febrero de 2021

Lentitudes europeas

Rodrigo Rato  
5 de febrero de 2021  

Henry Kissinger se preguntaba hace más de 40 años “¿Cuál era el teléfono de la Unión Europea ?” para poder hacer acuerdos geopolíticos como los que él hacía con Rusia o China, con la petulancia que solo un judío alemán, profesor de Harvard, es capaz. Desde entonces la UE ha aumentado a 27 países, en el proceso de integración política voluntaria  de Estados soberanos  más importante de la historia, que ha dado lugar a la mayor zona  de la actual economía global, que representa el ejemplo de derechos individuales unidos a  más alta integración social. En 2020 la UE ha reaccionado de manera histórica ante la COVID 19, resuelto satisfactoriamente al Brexit y firmado un acuerdo comercial con China y Japón respectivamente. En 2019  estableció reglas para la defensa de la intimidad en las nuevas tecnologías que sentaron  un precedente para todo el mundo. Son desde luego motivos para sentirnos orgullosos de ser europeos, aunque sigamos sin tener un sólo jefe que conteste al teléfono.


Por su parte China y Estados Unidos crecerán más y crearán más empleo en 2020-21, su dominio de los avances tecnológicos es total, sus esfuerzos fiscales para superar la actual crisis son mucho mayores que los de la UE. La defensa europea depende de la fuerza y tecnologías militares de Estados Unidos, los mercados financieros europeos  son muy inferiores a los norteamericanos mientras China va avanzando en ese campo, pese a no tener ni un estado de derecho homologable ni una moneda convertible. Los europeos ahorran pero invierten en Asia y EEUU. En cierto sentido las importantes medidas económicas decididas en julio de 2020 son una respuesta para evitar los grandes errores cometidos por la UE en la crisis anterior, 2010-2014, pero se quedarán cortas en la actual. De momento no se harán realidad hasta al menos el verano de 2021 como respuesta a la mayor crisis social y económica desde la II Guerra Mundial, mientras EEUU habrá ya puesto en marcha estímulos fiscales por 5 billones de dólares  lo que le permitirá recuperar los niveles de renta  de 2019 a mediados de este año. China  por su parte crecerá según las estimaciones internacionales al mayor ritmo en 10 años en 2021 sin haber decrecido en 2020.


¿Va la UE bien? Viendo el asalto al Capitolio norteamericano del pasado enero la respuesta parece obvia. No se trata de dar al momentáneo fiasco de la obtención de vacunas contra la COVID 19 una importancia que no tiene, pero si de contemplar las respuestas europeas actuales no tanto  en comparación a lo hecho antes como en función de los que es necesario para el futuro. Una y otra vez se repite que “ Europa avanza en las crisis” lo que no es más que hacer  lo necesario para sobrevivir. Son  sin embargo las carencias actuales  las que marcaran una gran parte del futuro. China y EEUU no están carentes de ellas, la UE tampoco. Hoy hay consenso en que ellos dominaran el futuro tecnológico, financiero, militar y político. ¿Debe esto preocupar a la UE? ¿ Basta con convertirse en una reserva de la civilización?


Por varias razones la geopolítica va aumentando su dominio según el mundo de reglas universales para todos va quedando atrás. No es tanto EEUU como China los que defiende el poder del más fuerte, aunque no sabemos todavía si la excepción en la política norteamericana será Trump o Biden.  No olvidemos que EEUU ha defendido siempre la excepcionalidad de sus leyes y su extraterritorialidad.  No es extrañar que la UE sea firme defensora del multilateralismo, aunque con voces contrarias que lo perciben como un ataque a la integridad nacional. Reglas y sistemas de solución de conflictos multilaterales convienen a todos, como el propio Trump comprobó al intentar cerrar un acuerdo con China hace un año. Que el gigante asiático aceptase, en 2003 al entrar en la Organización Mundial de Comercio, el orden internacional no era tan mala idea, incluidas sus trampas.


No es fácil que la UE quiera y pueda ser un gigante militar. Pero su influencia económica, financiera y social le da mucho juego en la geopolítica mundial. El euro es la única alternativa al dólar como una moneda reserva con las máximas garantías, pero sin un mercado de capitales integrado su capacidad  actual de atraer ahorro mundial es reducida. La emisión de bonos europeos para financiar el presupuesto extraordinario contra la COVID 19 es un gran paso en esa dirección, pero que llega con más de 10 años de retraso. Si es el único  su importancia se reduce. La Unión Bancaria lleva otro tanto esperando la aprobación de un seguro colectivo de depósitos. La tecnología finitech y el blockchain están llegando antes, condenando al sector bancario europeo a la obsolescencia. Tecnológicamente la UE está retrasada sin una sola firma global, en parte por la carencia de un verdadero Mercado Único, objetivo que está  ya en su segundo decenio. Financiación y tecnología en gran escala definen ya una gran parte del presente, para empresas flexibles con mercados inmensos. La UE está retrasada en ambos ámbitos. En cierto sentido sabemos que  el mundo se dividirá  entre los países que dejen atrás las consecuencias de la COVID 19 y los que no. China y EEUU lo habrán hecho en 2021. La UE no lo habrá conseguido todavía. El estancamiento fue el verdadero gran problema de la crisis anterior. Es así de simple.

viernes, 29 de enero de 2021

El alargamiento del problema lo agrava

Rodrigo Rato 
29 de enero de 2021 


Cuando las vacunas contra la Covid 19 empezaron a distribuirse en el Reino Unido en diciembre muchos pensamos que habíamos entrado en una nueva y mejor fase de la pandemia. Enero 2021 acaba con una situación peor en la mayoría de los países, incluida China donde por primera vez desde hace el pasado marzo se ha producido el confinamiento de millones de personas. Exceptuando pequeños países como Israel la vacunación masiva está resultando muy compleja y lenta, con una Unión Europea humillada en la peor situación. Desgraciadamente el número de fallecimientos se ha acelerado ante la proliferación de nuevas cepas. Todos los países, ahora sin la excepción de Suecia, recurren a crecientes restricciones de movimientos  y confinamientos, con especiales y  graves consecuencias sobre los diversos modelos de negocio basados en la interacción humana. El turismo en España ha pasado de representar más del 12% de la renta nacional al 4%, sin que se haya producido ningún substitutivo sino una intensa caída  general de la riqueza y del empleo.


La duración  de la recesión es desde luego determinante. Los empleos aparcados en suspensiones temporales y remuneradas por el Estado corren el serio riesgo de convertirse en desempleos reales. Las pérdidas empresariales del pasado ejercicio hacen difícil, incluso imposible, aumentar los apoyos  a través de nuevos créditos. Los crecientes riesgos empiezan a ser recogidos por un sector bancario que en la UE ha comenzado a endurecer las condiciones de nuevos préstamos, pese a las generosas ayudas del BCE de 1% negativo en las líneas sin límite que ha puesto a disposición del sector. Los tipos a lo largo de la curva también han empezado a subir, aunque los bancos centrales siguen comprando todo tipo de activos. Las previsiones de inflación han aumentado en Estados Unidos, más de 10 diferentes materias primas llevan aumentando  sus precios durante el pasado año, el pecio del petróleo supera ya los 55$ incluso en una situación recesiva global como la actual.


Tanto Gobiernos como bancos centrales continúan suministrando no solo liquidez sino ayudas directas, con EEUU liderando el esfuerzo con 5 billones de dólares en estímulos, incluida  una segunda ronda de ayudas directas a las familias. La UE ha comprometido los conocidos 750.000 millones que deberían empezar a ser distribuidos en la segunda parte del 2021. China también ha realizado grandes esfuerzos en inversión pública para compensar la caída del consumo privado, con más de 1.5 billones en liquidez. Una sincronización de esfuerzos públicos que satisface a todos los keynesianos. De momento serán EEUU y China los que más crezcan en  2020-2021  según  todas las previsiones. Por su lado  los particulares  no se fían demasiado  y están ahorrando a niveles récord, el 24% de la renta disponible en España. Muchas voces  predicen de unos intensos y alegres próximos años, superado esta última frustración, una nueva Belle Époque. Nuevas fuentes de productividad basadas en la intensidad del uso de la tecnología en todo tipo de negocios podrían ser un serio motor del crecimiento futuro. Pero habrá grandes diferencias entre países, incluso dentro del euro.


La inesperada duración de los confinamientos, con sus inevitables consecuencias de pérdidas de riqueza y empleos, deja una pesada herencia. La gran duda es cómo superarla. Las deudas privadas serán inevitablemente soportadas por unos operadores y no por otros, creando una gran presión social y política.  Las monumentales deudas públicas igualan en todos los países  o son superiores a sus rentas nacionales. Unos piensan que los bajos tipos de interés actuales reducen el coste financiero y social de esta cargas. En todo caso el crecimiento  económico será determinante, pero la vuelta de controles de capitales podrían suceder en cualquier país, ya que las monedas serán un elemento muy sensible en un mundo de grandes deudas. La necesidad de crecer puede ser un elemento de colaboración pero también de enfrentamiento, si la idea de que es un juego de suma cero se asienta, impulsada por la parte social que salga peor parada de estas circunstancias.


Los intentos de responsabilizar a China de la COVID 19 han sido limitados a EEUU, Australia, Noruega y poco más . La UE y los países del Pacífico, salvo India, han firmado recientemente  sendos acuerdos de libre comercio con China pese al claro endurecimiento de su represión interna. De la COVID ni hablar desde luego. La Organización Mundial de la Salud está al fin visitando Wuhan, supuesto lugar de origen de la pandemia. Veremos que conclusiones se obtienen de este análisis. Pero las incertidumbres en el liderazgo norteamericano obligan a muchos a ser precavidos con el gigante asiático,  el primer socio comercial de 124 países de los 190 que conforman las Naciones Unidas. Es más varios temas, no el menor los impuestos de las tecnológicas norteamericanas, enfrentan a los aliados occidentales.


Muchas de estas consecuencias pueden, deben, ser enfrentadas desde la colaboración, la apertura de mercados, el aumento del crecimiento conjunto. Las dos grandes potencias occidentales, EEUU u la UE, parecen ahora coincidentes en la colaboración y apertura con el nuevo equipo en Washington. Pero ambas se resistirán a ser locomotoras de la demanda mundial, con la zona euro mostrando signos de preocupación por una moneda fuerte. China , ya el primer país del mundo en  atraer inversión extranjera, tiene muchas papeletas para tener una moneda fuerte, aunque todos sabemos que pueden y, a veces, quieren intervenir para evitarlo. Un acuerdo a tres de estabilidad cambiaria y reglas transparentes en el respeto a la propiedad intelectual sería de necesidad inmediata. Como lo sería la separación de las tecnologías de cuestiones de seguridad nacional, aunque esto se pondrá peor antes de mejorar si es que  lo hace. EEUU ya debería haber aprendido que su desequilibrio comercial está sobre todo relacionado con su falta de ahorro doméstico lo que la pandemia ha agravado. China por su parte debería disminuir el totalitarismo político, algo impensable con la actual dirección máxime en el año del centenario del Partido Comunista. Por desgracia estos condicionamientos se agudizan ante las urgencias que provoca el agravamiento  actual de la pandemia con sus duras consecuencias sociales y económicas. Los enfrentamientos geopolíticos no siempre eligen el mejor momento.

viernes, 22 de enero de 2021

Intereses reales

Rodrigo Rato 
21 de enero de 2021

 

Será difícil encontrar una persona que no reconozca  el montante de los intereses en una sociedad endeuda como la occidental. Es la esencia de la más básica educación financiera. Desde hace un tiempo como deudores nos alegramos de ver intereses  cada vez más bajos, impensables hace  solo unos años. Algunos índices como el conocido euribor, aplicable a las hipotecas, es incluso negativo. Nuestro Estado emite deuda a 10 años a  tipos cercanos a cero, incluso a tasas negativas a plazo más cortos. ¡¡ Hemos llegado al paraíso del capitalismo: deudas gratis!!  En estas mismas épocas la inflación ha ido decreciendo , menos 0,5 en España el año pasado. Después de tantas décadas de luchar contra el alza de precios es difícil que nos mostremos preocupados por verlos tan débiles. Sin embargo algunas reglas se han modificado respecto a que  tipo de interés  debemos prestar atención  para medir nuestras posibilidades de crecimiento económico. Siempre necesario pero aún mas después de 2020, cuando la riqueza de la mayoría de los países ha retrocedido por primera vez en decenios, siendo la española por desgracia  una de las que más lo ha hecho. 


Precios e intereses  están interconectados y de su relación depende en parte  la efectividad de nuestra política económica para generar crecimiento y empleo.  Los intereses reflejan el  coste de devolver una cantidad de dinero en el futuro, protegiéndose  el acreedor de la erosión causada por la inflación. Por el contrario cuando los precios son negativos a la cifra de intereses que pagamos hay que añadirle  esa caída para recocer su coste real. Así si una pyme española se financió  al 2,5% en 2020, el interés real pagado es del 3%, equivalente a pagar un 4,5%  en las épocas con una inflación positiva del 2%. Todo un poco contra intuitivo para personas habituadas a vivir en economías con precios positivos,  siempre al alza. Así si una pyme alemana paga ese mismo 2,5% de interés pero los precios allí han sido en el promedio del año positivos en 0,5% , el coste real será del 2%, un tercio menos que la pyme española. Lo mismo sucede en la financiación de los Estados, donde España paga intereses a 10 años  reales positivos frente  a negativos en Alemania. Los  tipos de interés en la zona euro son los mismos para todos los países miembros. Pero los efectos son más expansivos, favorables al crecimiento, en Alemania que en España cuando nosotros tenemos una tasa de paro 5 veces mayor. En este sentido la política monetaria del Banco Central Europeo  es menos beneficiosa  para unos países que para  otros, siendo la misma para todos los países euro. 

Nadie podría negar la importancia  positiva que para España tiene en estos momentos la pertenencia al euro. Sin las compras de deuda del BCE estaríamos al borde del colapso financiero, como nos sucedió en 2012. Es responsabilidad de cada Gobierno diseñar una política de crecimiento dentro del euro. No basta con aceptar lo decidido en la Comisión Europea para todos los países. Es cierto que el exceso de inflación nos alejó de la competitividad alemana en los primeros 10 años de pertenencia al proyecto europeo, pero la Gran Recesión de 2010-14 cambió nuestra situación. El tremendo ajuste a nuestros precios y salarios, una considerable devaluación interna, nos mantiene desde entonces por debajo de la media euro, lo que nos ayuda a mantener la competitividad pero a costa de altas tasas de desempleo. Durante 5 años, 2014-18 crecimos sensiblemente por encima de la media euro. Pero en 2020 seremos el país con mayor caída. Vaivenes y desequilibrios  caracterizan nuestra evolución en los últimos 15 años. Lo que ha dejado peligrosas herencias en niveles de paro y deuda pública. 

Sería iluso esperar que todo esto no tenga consecuencias en la situación social y política, con  fuerzas cada vez más  fraccionadas y tendencias  territoriales disgregadoras, basadas en la apuesta que nuevas naciones evitarán el estancamiento, pese a que la experiencia demuestra  todo lo contrario. La salida de esta crisis nos sitúa en una situación peor que la mayoría de los países con los que compartimos moneda. Hasta unos intereses históricamente muy bajos tienen un valor real más alto que el de nuestros socios. Nuestras autoridades económicas tienen un respeto reverencial  al consenso europeo, muchos esperan recalar en sus instituciones, y  desde luego no es fácil el diseño de una política económica alternativa dentro del euro.  El crecimiento relativo de nuestras exportaciones, el éxito de nuestra industria turística, de elementos automovilísticos y otras muchas demuestran que nuestro sector privado es competitivo. La frase “ no hay desempleo en los oficios”, más o menos exacta, la oímos a menudo. Lo más importante que podemos hacer con las ayudas europeas es modernizar nuestros mercados y su regulación. Cuando el  actual Gobierno decide excluir las ayudas europeas de los requisitos burocráticos en vigor la contradicción es obvia: dejar sometida a un sistema ineficiente el 90% de nuestra economía, pero liberar un máximo de un 10%. Esa no puede ser una estrategia ni sostenible no ganadora. 


Las ayudas y los estímulos que vienen de la UE no serán nuestra solución. No pretenden serlo. Ayudarán más a quienes los sepan aprovechar, dentro de estrategias nacionales coherentes y sostenibles; en cierto sentido a los que menos los necesitan como sucede a menudo. El país más beneficiado por  los 20 años del euro ha sido Alemania. Los intereses reales no nos benefician comparativamente, aunque sean los más bajos de nuestra historia.  Hasta Estados Unidos tiene intereses reales  a 10 años menores que los nuestros, también con niveles de desempleo muy inferiores y de crecimiento superiores.  No debemos descartar que Incluso dentro de la UE y del euro podemos descolgarnos. Será muy frustrante, nuestra sociedad reaccionará de formas muy negativas. Ya lo estamos viendo con los separatismos. La COVID 19 está poniendo a prueba el funcionamiento de nuestro sector público, como las calificaciones de la OCDE lo hacen con nuestro sistema educativo o la crisis anterior lo hizo con la calidad de nuestra regulación bancaria. Si grandes partes de nuestro tejido productivo demuestran ser competitivas, quizás el problema esté en la regulación y el funcionamiento de nuestro sector público tanto para los que lo quieren más grande como para los que no. Lo que no tenemos es mucho tiempo.