Rodrigo Rato
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Un informe pericial independiente asegura que el exvicepresidente del Gobierno pagó varios millones a Hacienda
Rodrigo Rato desmonta las acusaciones de la ONIF
La Audiencia Provincial de Madrid ha archivado una causa de la investigación sobre el patrimonio de Rodrigo Rato.
Artículo de apoyo a Rodrigo Rato.
La Audiencia absuelve al exvicepresidente Rodrigo Rato
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Rodrigo Rato
Rodrigo Rato
24 de marzo de 2021
La Fiscalía Anticorrupción publicó ayer una nota de prensa sobre su escrito de acusación en la causa que se sigue contra mi en el Juzgado 31.
Hay varias consideraciones que me gustaría hacer:
En primer lugar, resulta increíble que una institución pública de la Justicia española utilice estos modos para atacar y dañar la imagen y el honor de una persona.
Desde 1948 hasta 1989 el mundo fue un campo de batalla, más o menos cruento, entre dos imperios pero también dos modelos políticos y económicos opuestos: el soviético y el norteamericano. Casi todos los países tenían relaciones diplomáticas con ambos, pero una gran cantidad estaban alienados en la confrontación por alianzas militares y de seguridad. No cabían demasiados juegos a dos manos. Las cuestiones económicas eran secundarias a las ideológicas, con el firme convencimiento del bando norteamericano, Occidente, que la libertades políticas y económicas acabarían haciendo a los ciudadanos del otro bando a obligar a sus Gobiernos a cambiar. Los ciudadanos que podían abrumadoramente huían a los países occidentales. Prácticamente ninguno lo hizo en sentido contrario. En cierto sentido desde 1978, a la muerte de Mao Ze Dong, China aunque el mayor país comunista buscaba la prosperidad capitalista. “Da igual que el gato sea blanco o negro, lo importante es que cace ratones” fue la frase de Deng Xio Ping anunciando el más intenso cambio económico en la Historia.
La desaparición de la Unión Soviética tuvo entre otras consecuencias una consolidación del comercio mundial, la globalización, de la que China ha resultado ser la gran beneficiaria con más de 20 años creciendo al 10% anual acumulado. Con la antigua Guerra Fría está Globalización hubiera sido imposible. China dio al resto del mundo, primero mano de obra barata, luego ahorro casi ilimitado, y ahora millones de consumidores prósperos. Pero es y quiere seguir siendo un país totalitario, con un Partido Comunista omnímodo y un Estado que impone sus reglas en la política internacional, con graves ataques cibernéticos a otros muchos países. En la campaña electoral de Norteamérica de 2012, el candidato republicano Mitt Romei, identificó a Rusia como el adversario principal de Estados Unidos. En 2021 Republicanos y Demócratas solo coinciden en una cosa: que China es su adversario.
Banqueros, industriales, compañías tecnológicas, de consumo, fabricantes de coches, agricultores y ganaderos norteamericanos, todos y más, comercian con China y quieren aumentar sus compras y ventas. El déficit comercial norteamericano con China aumentó bajo Donald Trump, quien le impuso severas sanciones comerciales. El Estado chino tiene más de 1 billón de dólares de deuda de EEUU. Pero no solo ellos China es el principal socio comercial de casi todos los países del mundo, que buscan atraer a sus inversores o a sus turistas y consumidores. 300.000 jóvenes chinos estudian en Universidades norteamericanas. Si hay guerra es distinta esta vez. Para empezar la economía mundial, desde luego la europea y la norteamericana, pero también la Latinoamericana, la del Sudeste Asiático, la australiana o la canadiense, no podrían resistir el hundimiento chino, y la mayor economía mundial en paridad de poder de compra. Todo ello sin estado de derecho, ni convertibilidad de su moneda. Tampoco ellos absorberían con facilidad la crisis de los demás, es más, en 1998 y en 2008 fueron imprescindibles en el sostenimiento de la economía mundial. En 2021 su gran economía será una de las dos locomotoras del crecimiento mundial, la otra EEUU.
Es difícil encontrar en la historia un ejemplo de tanta interdependencia y creciente enfrentamiento. Desde luego China quiere ser una potencia militar, ya lo es en términos regionales. Ningún país asiático puede competir militarmente con ella, lo que entre otras cosas está generando algo que había desaparecido con la anterior Guerra Fría, una carrera de armamentos, circunscrita a Asía pero innegable, en la que la nueva Administración norteamericana se ha comprometido seriamente. Desde hace más de 10 años el Gobierno chino ha aumentado sus préstamos a otros países, con una cartera mayor que el Banco Mundial, y de la Nueva Ruta de la Seda financiando infraestructuras en todos los continentes. Venezuela pero también Pakistán o Myanmar, Etiopía tienen grandes deudas con ellos. En muchos sentidos China no es un país expansionista pero tiene mentalidad y anhelos imperiales, probablemente inevitables dado el tamaño de sus intereses. Sus prácticas de ataques cibernéticos pueden acabar con un único sistema de internet como hoy lo cocemos, su poco respeto a la propiedad intelectual es la mayor amenaza al comercio mundial en una economía cada vez con más inversión intangible.
La nueva guerra fría afecta de lleno a la globalización basada en la interdependencia y la búsqueda de eficiencia, para buscar independencia y autosuficiencia, sobre todo en los avances tecnológicos: 5G, semiconductores, Inteligencia Artificial, biogenética, donde las consideraciones de seguridad nacional son ahora prioritarias. Una guerra pero compartiendo consumidores, inversores y turistas es quizás más un mundo anterior a 1914.
Rodrigo Rato
Casi en los mismos días, a varios miles de kilómetros hacia el este, otro septuagenario ex banquero central y también privado, alto funcionario de finanzas, aceptaba las riendas de la tercera economía del euro, Italia. Mario Draghi ya había marcado la historia de la política económica europea prometiendo “ hacer lo que hiciera falta para salvar el euro y, créanme , será suficiente” en julio de 2012. Con esa frase y lo que vino después Draghi movilizó el balance del Banco Central Europeo para acabar con la crisis de deuda soberana , que la austeridad impuesta por Alemania había agravado. Desde su despacho de Frankfurt demostró que se podía hacer algo diferente y efectivo. No muy distinto de lo que el antecesor de Janet Yelen en la FED había puesto en marcha como respuesta a la Gran Recesión de 2008.
El nuevo Primer Ministro italiano ha centrado su programa en la búsqueda de una sociedad más justa y mejor, cambiando su sistema tributario para que salarios e ahorro paguen menos, aumentar la inversión, mejorar la educación y modernizar el Estado. Un programa de confianza en el sector privado que busca aumentar el crecimiento italiano, que hoy por hoy produce per capital lo mismo que en 1998. Dos ciudades, Washington y Roma, buscando un nuevo camino para sus economías después de la COVID, pero también para superar las frustraciones y divisiones sociales generadas por la anterior crisis. Norteamérica busca en la contratación privada volver al pleno empleo, pero ahora con 15$ la hora de salario mínimo, sin deudas de los universitarios y con una economía verde. Roma cree que de la flexibilidad y la eficiencia vendrá un crecimiento inclusivo que elude a Italia desde hace más 2 decenios.
Hace años habríamos destacado la diferencia en la estabilidad política entre una y otra. Pero en 2021 las dudas sobre el sistema político norteamericano son una realidad. Por su parte Draghi tiene detrás de sí a todos los partidos políticos. Nadie sabe por cuánto tiempo. Solo por el tamaño lo que haga Yelen nos repercutirá a todos. Una economía norteamericana gastona, aún con un dólar débil, es la locomotora que todo el mundo espera. Además ahora, a diferencia de antes, no será necesario el ahorro chino para financiarla, la FED lo comprara todo. Así los dólares recién impresos inundarán el mundo. Italia no pretende tirar de los demás países euro, al contrario busca venderles más e incluso quitarles exportaciones. Es bien distinto, pero representa el más serio intento de reparar una creciente y amenazadora división de la zona euro, entre el norte y el sur. Muy importante también, no solo para Europa.
No todo puede salir bien. Roma puede devorar a Draghi como antes lo hizo con Monti, Ciampi, Dini, todos ellos ilustres tecnócratas del Banco de Italia. El respaldo de la Unión Europea es máximo en el año que Alemania eligirá un nuevo Canciller, el próximo septiembre. Para entonces el riesgo de una salida a varias velocidades de la COVID puede dominar el debate europeo, sobre todo en la zona euro. En 2021 los distintos márgenes de gasto público entre países se están manifestando con manera rotunda. En EEUU varios insignes economistas de centro izquierda avisan de un exceso de impulsos que amenaza con acabar en un recalentamiento, con la amenaza de una subida de tipos que aborte la recuperación. Roma y Washington plantean en estos principios de 2021 planteamientos ambiciosos, incluso novedosos, no ya solo para superar las consecuencias de la COVID sino las políticas macroeconómicas a ambos lados del Atlántico. Sus consecuencias serán trascendentales. Buena suerte.
12 de febrero de 2021
La Covid ha llevado a incrementar estas políticas, que así llevan ya más de 10 años en EEUU y en Japón, a lo que se ha sumado grandes paquetes de estímulos fiscales orientados a compensar la caída de la actividad. Las realidades son distintas en cada país con EEUU a la cabeza, superando en 6 veces los estímulos de Obama en 2009. La inmensa liquidez generada por las combinaciones expansivas fiscales y monetarias también han llegado a muchas materias primas con sus precios subiendo desde hace meses, a las curvas de tipos de interés desplazándose al alza, a las perspectivas de inflación, las más altas en la zona euro en 5 años. Pero también a nuevos movimientos especulativos sobre acciones, cripto monedas y activos refugio. Las expectativas sobre monedas nacionales sobrecargadas de deuda pública, cuyo respaldo es la confianza, se erosiona. Históricamente los Estados han pagado sus excesos de deuda con inflación y depreciación de las monedas. ¿Por que tendría de ser distinto esta vez?
La tecnología también juega un papel en la creación de liquidez al permitir la aparición de mercados para todo tipo de productos con solo acceder a la red. Especulación y riesgos de sobrecalentamiento que se manifiestan de manera acelerada, con unos reguladores públicos sobrepasados. Los pequeños inversores norteamericanos derrotan a los especuladores institucionales apostando contra ellos respecto a unas determinadas acciones, con independencia de su valor fundamental. No es fácil ya saber si la FED subirá tipos con inflaciones del 2,5%, del 3% o de más. Máxime cuando con un nivel de deuda pública norteamericana en récords incrementar su coste sería recesivo, inasumible para un Presidente Biden con poco tiempo para dar resultados. Más de 100 economistas europeos le piden al BCE que condone la deuda de sus Estados, haciendo realidad el temor atávico de los países del Norte: pagar de su bolsillo las deudas de un Sur indisciplinado. No parece que los firmantes de ese documento piensen en hacer más fácil la Union Fiscal en la zona euro. Varios candidatos a las próximas elecciones catalanas plantean la condonación de la deuda. Pronto lo veremos en los debates de la Carrera de San Jerónimo con repercusión en la credibilidad financiera española.
Es cierto que nuevas condiciones demográficas y tecnológicas llevan tiempo reduciendo los riesgos inflacionistas. Viejas relaciones entre empleo y precios pueden haber cambiado. Las compras de activos por los bancos centrales desde 2009 no generaron presiones de precios. Sin embargo el fin de la relativa austeridad fiscal para luchar contra la Covid ha multiplicado los estímulos, lo que es necesario pero puede tener consecuencias. La suspensión temporal de las ortodoxias monetarias, financieras y fiscales ha sido una necesidad y un reconocimiento de la prioridad del proteger a los ciudadanos. Lo que no excluye que avanzamos en territorios desconocidos, donde la vuelta a equilibrios se hará necesaria. Vivimos tiempos extraordinarios que exigen medidas extraordinarias por definición insostenibles en el tiempo. Aceptar que el futuro de las políticas macroeconómicas será distinto es necesario pero también genera desconfianzas. Excesiva liquidez y reducción de la confianza es el mejor caldo de cultivo para lo incontrolable. Habrá un antes y un después macroeconómico a 2020.
Henry Kissinger se preguntaba hace más de 40 años “¿Cuál era el teléfono de la Unión Europea ?” para poder hacer acuerdos geopolíticos como los que él hacía con Rusia o China, con la petulancia que solo un judío alemán, profesor de Harvard, es capaz. Desde entonces la UE ha aumentado a 27 países, en el proceso de integración política voluntaria de Estados soberanos más importante de la historia, que ha dado lugar a la mayor zona de la actual economía global, que representa el ejemplo de derechos individuales unidos a más alta integración social. En 2020 la UE ha reaccionado de manera histórica ante la COVID 19, resuelto satisfactoriamente al Brexit y firmado un acuerdo comercial con China y Japón respectivamente. En 2019 estableció reglas para la defensa de la intimidad en las nuevas tecnologías que sentaron un precedente para todo el mundo. Son desde luego motivos para sentirnos orgullosos de ser europeos, aunque sigamos sin tener un sólo jefe que conteste al teléfono.
Por su parte China y Estados Unidos crecerán más y crearán más empleo en 2020-21, su dominio de los avances tecnológicos es total, sus esfuerzos fiscales para superar la actual crisis son mucho mayores que los de la UE. La defensa europea depende de la fuerza y tecnologías militares de Estados Unidos, los mercados financieros europeos son muy inferiores a los norteamericanos mientras China va avanzando en ese campo, pese a no tener ni un estado de derecho homologable ni una moneda convertible. Los europeos ahorran pero invierten en Asia y EEUU. En cierto sentido las importantes medidas económicas decididas en julio de 2020 son una respuesta para evitar los grandes errores cometidos por la UE en la crisis anterior, 2010-2014, pero se quedarán cortas en la actual. De momento no se harán realidad hasta al menos el verano de 2021 como respuesta a la mayor crisis social y económica desde la II Guerra Mundial, mientras EEUU habrá ya puesto en marcha estímulos fiscales por 5 billones de dólares lo que le permitirá recuperar los niveles de renta de 2019 a mediados de este año. China por su parte crecerá según las estimaciones internacionales al mayor ritmo en 10 años en 2021 sin haber decrecido en 2020.
¿Va la UE bien? Viendo el asalto al Capitolio norteamericano del pasado enero la respuesta parece obvia. No se trata de dar al momentáneo fiasco de la obtención de vacunas contra la COVID 19 una importancia que no tiene, pero si de contemplar las respuestas europeas actuales no tanto en comparación a lo hecho antes como en función de los que es necesario para el futuro. Una y otra vez se repite que “ Europa avanza en las crisis” lo que no es más que hacer lo necesario para sobrevivir. Son sin embargo las carencias actuales las que marcaran una gran parte del futuro. China y EEUU no están carentes de ellas, la UE tampoco. Hoy hay consenso en que ellos dominaran el futuro tecnológico, financiero, militar y político. ¿Debe esto preocupar a la UE? ¿ Basta con convertirse en una reserva de la civilización?
Por varias razones la geopolítica va aumentando su dominio según el mundo de reglas universales para todos va quedando atrás. No es tanto EEUU como China los que defiende el poder del más fuerte, aunque no sabemos todavía si la excepción en la política norteamericana será Trump o Biden. No olvidemos que EEUU ha defendido siempre la excepcionalidad de sus leyes y su extraterritorialidad. No es extrañar que la UE sea firme defensora del multilateralismo, aunque con voces contrarias que lo perciben como un ataque a la integridad nacional. Reglas y sistemas de solución de conflictos multilaterales convienen a todos, como el propio Trump comprobó al intentar cerrar un acuerdo con China hace un año. Que el gigante asiático aceptase, en 2003 al entrar en la Organización Mundial de Comercio, el orden internacional no era tan mala idea, incluidas sus trampas.
No es fácil que la UE quiera y pueda ser un gigante militar. Pero su influencia económica, financiera y social le da mucho juego en la geopolítica mundial. El euro es la única alternativa al dólar como una moneda reserva con las máximas garantías, pero sin un mercado de capitales integrado su capacidad actual de atraer ahorro mundial es reducida. La emisión de bonos europeos para financiar el presupuesto extraordinario contra la COVID 19 es un gran paso en esa dirección, pero que llega con más de 10 años de retraso. Si es el único su importancia se reduce. La Unión Bancaria lleva otro tanto esperando la aprobación de un seguro colectivo de depósitos. La tecnología finitech y el blockchain están llegando antes, condenando al sector bancario europeo a la obsolescencia. Tecnológicamente la UE está retrasada sin una sola firma global, en parte por la carencia de un verdadero Mercado Único, objetivo que está ya en su segundo decenio. Financiación y tecnología en gran escala definen ya una gran parte del presente, para empresas flexibles con mercados inmensos. La UE está retrasada en ambos ámbitos. En cierto sentido sabemos que el mundo se dividirá entre los países que dejen atrás las consecuencias de la COVID 19 y los que no. China y EEUU lo habrán hecho en 2021. La UE no lo habrá conseguido todavía. El estancamiento fue el verdadero gran problema de la crisis anterior. Es así de simple.
La duración de la recesión es desde luego determinante. Los empleos aparcados en suspensiones temporales y remuneradas por el Estado corren el serio riesgo de convertirse en desempleos reales. Las pérdidas empresariales del pasado ejercicio hacen difícil, incluso imposible, aumentar los apoyos a través de nuevos créditos. Los crecientes riesgos empiezan a ser recogidos por un sector bancario que en la UE ha comenzado a endurecer las condiciones de nuevos préstamos, pese a las generosas ayudas del BCE de 1% negativo en las líneas sin límite que ha puesto a disposición del sector. Los tipos a lo largo de la curva también han empezado a subir, aunque los bancos centrales siguen comprando todo tipo de activos. Las previsiones de inflación han aumentado en Estados Unidos, más de 10 diferentes materias primas llevan aumentando sus precios durante el pasado año, el pecio del petróleo supera ya los 55$ incluso en una situación recesiva global como la actual.
Tanto Gobiernos como bancos centrales continúan suministrando no solo liquidez sino ayudas directas, con EEUU liderando el esfuerzo con 5 billones de dólares en estímulos, incluida una segunda ronda de ayudas directas a las familias. La UE ha comprometido los conocidos 750.000 millones que deberían empezar a ser distribuidos en la segunda parte del 2021. China también ha realizado grandes esfuerzos en inversión pública para compensar la caída del consumo privado, con más de 1.5 billones en liquidez. Una sincronización de esfuerzos públicos que satisface a todos los keynesianos. De momento serán EEUU y China los que más crezcan en 2020-2021 según todas las previsiones. Por su lado los particulares no se fían demasiado y están ahorrando a niveles récord, el 24% de la renta disponible en España. Muchas voces predicen de unos intensos y alegres próximos años, superado esta última frustración, una nueva Belle Époque. Nuevas fuentes de productividad basadas en la intensidad del uso de la tecnología en todo tipo de negocios podrían ser un serio motor del crecimiento futuro. Pero habrá grandes diferencias entre países, incluso dentro del euro.
La inesperada duración de los confinamientos, con sus inevitables consecuencias de pérdidas de riqueza y empleos, deja una pesada herencia. La gran duda es cómo superarla. Las deudas privadas serán inevitablemente soportadas por unos operadores y no por otros, creando una gran presión social y política. Las monumentales deudas públicas igualan en todos los países o son superiores a sus rentas nacionales. Unos piensan que los bajos tipos de interés actuales reducen el coste financiero y social de esta cargas. En todo caso el crecimiento económico será determinante, pero la vuelta de controles de capitales podrían suceder en cualquier país, ya que las monedas serán un elemento muy sensible en un mundo de grandes deudas. La necesidad de crecer puede ser un elemento de colaboración pero también de enfrentamiento, si la idea de que es un juego de suma cero se asienta, impulsada por la parte social que salga peor parada de estas circunstancias.
Los intentos de responsabilizar a China de la COVID 19 han sido limitados a EEUU, Australia, Noruega y poco más . La UE y los países del Pacífico, salvo India, han firmado recientemente sendos acuerdos de libre comercio con China pese al claro endurecimiento de su represión interna. De la COVID ni hablar desde luego. La Organización Mundial de la Salud está al fin visitando Wuhan, supuesto lugar de origen de la pandemia. Veremos que conclusiones se obtienen de este análisis. Pero las incertidumbres en el liderazgo norteamericano obligan a muchos a ser precavidos con el gigante asiático, el primer socio comercial de 124 países de los 190 que conforman las Naciones Unidas. Es más varios temas, no el menor los impuestos de las tecnológicas norteamericanas, enfrentan a los aliados occidentales.
Muchas de estas consecuencias pueden, deben, ser enfrentadas desde la colaboración, la apertura de mercados, el aumento del crecimiento conjunto. Las dos grandes potencias occidentales, EEUU u la UE, parecen ahora coincidentes en la colaboración y apertura con el nuevo equipo en Washington. Pero ambas se resistirán a ser locomotoras de la demanda mundial, con la zona euro mostrando signos de preocupación por una moneda fuerte. China , ya el primer país del mundo en atraer inversión extranjera, tiene muchas papeletas para tener una moneda fuerte, aunque todos sabemos que pueden y, a veces, quieren intervenir para evitarlo. Un acuerdo a tres de estabilidad cambiaria y reglas transparentes en el respeto a la propiedad intelectual sería de necesidad inmediata. Como lo sería la separación de las tecnologías de cuestiones de seguridad nacional, aunque esto se pondrá peor antes de mejorar si es que lo hace. EEUU ya debería haber aprendido que su desequilibrio comercial está sobre todo relacionado con su falta de ahorro doméstico lo que la pandemia ha agravado. China por su parte debería disminuir el totalitarismo político, algo impensable con la actual dirección máxime en el año del centenario del Partido Comunista. Por desgracia estos condicionamientos se agudizan ante las urgencias que provoca el agravamiento actual de la pandemia con sus duras consecuencias sociales y económicas. Los enfrentamientos geopolíticos no siempre eligen el mejor momento.
Será difícil encontrar una persona que no reconozca el montante de los intereses en una sociedad endeuda como la occidental. Es la esencia de la más básica educación financiera. Desde hace un tiempo como deudores nos alegramos de ver intereses cada vez más bajos, impensables hace solo unos años. Algunos índices como el conocido euribor, aplicable a las hipotecas, es incluso negativo. Nuestro Estado emite deuda a 10 años a tipos cercanos a cero, incluso a tasas negativas a plazo más cortos. ¡¡ Hemos llegado al paraíso del capitalismo: deudas gratis!! En estas mismas épocas la inflación ha ido decreciendo , menos 0,5 en España el año pasado. Después de tantas décadas de luchar contra el alza de precios es difícil que nos mostremos preocupados por verlos tan débiles. Sin embargo algunas reglas se han modificado respecto a que tipo de interés debemos prestar atención para medir nuestras posibilidades de crecimiento económico. Siempre necesario pero aún mas después de 2020, cuando la riqueza de la mayoría de los países ha retrocedido por primera vez en decenios, siendo la española por desgracia una de las que más lo ha hecho.
Precios e intereses están interconectados y de su relación depende en parte la efectividad de nuestra política económica para generar crecimiento y empleo. Los intereses reflejan el coste de devolver una cantidad de dinero en el futuro, protegiéndose el acreedor de la erosión causada por la inflación. Por el contrario cuando los precios son negativos a la cifra de intereses que pagamos hay que añadirle esa caída para recocer su coste real. Así si una pyme española se financió al 2,5% en 2020, el interés real pagado es del 3%, equivalente a pagar un 4,5% en las épocas con una inflación positiva del 2%. Todo un poco contra intuitivo para personas habituadas a vivir en economías con precios positivos, siempre al alza. Así si una pyme alemana paga ese mismo 2,5% de interés pero los precios allí han sido en el promedio del año positivos en 0,5% , el coste real será del 2%, un tercio menos que la pyme española. Lo mismo sucede en la financiación de los Estados, donde España paga intereses a 10 años reales positivos frente a negativos en Alemania. Los tipos de interés en la zona euro son los mismos para todos los países miembros. Pero los efectos son más expansivos, favorables al crecimiento, en Alemania que en España cuando nosotros tenemos una tasa de paro 5 veces mayor. En este sentido la política monetaria del Banco Central Europeo es menos beneficiosa para unos países que para otros, siendo la misma para todos los países euro.
Nadie podría negar la importancia positiva que para España tiene en estos momentos la pertenencia al euro. Sin las compras de deuda del BCE estaríamos al borde del colapso financiero, como nos sucedió en 2012. Es responsabilidad de cada Gobierno diseñar una política de crecimiento dentro del euro. No basta con aceptar lo decidido en la Comisión Europea para todos los países. Es cierto que el exceso de inflación nos alejó de la competitividad alemana en los primeros 10 años de pertenencia al proyecto europeo, pero la Gran Recesión de 2010-14 cambió nuestra situación. El tremendo ajuste a nuestros precios y salarios, una considerable devaluación interna, nos mantiene desde entonces por debajo de la media euro, lo que nos ayuda a mantener la competitividad pero a costa de altas tasas de desempleo. Durante 5 años, 2014-18 crecimos sensiblemente por encima de la media euro. Pero en 2020 seremos el país con mayor caída. Vaivenes y desequilibrios caracterizan nuestra evolución en los últimos 15 años. Lo que ha dejado peligrosas herencias en niveles de paro y deuda pública.
Sería iluso esperar que todo esto no tenga consecuencias en la situación social y política, con fuerzas cada vez más fraccionadas y tendencias territoriales disgregadoras, basadas en la apuesta que nuevas naciones evitarán el estancamiento, pese a que la experiencia demuestra todo lo contrario. La salida de esta crisis nos sitúa en una situación peor que la mayoría de los países con los que compartimos moneda. Hasta unos intereses históricamente muy bajos tienen un valor real más alto que el de nuestros socios. Nuestras autoridades económicas tienen un respeto reverencial al consenso europeo, muchos esperan recalar en sus instituciones, y desde luego no es fácil el diseño de una política económica alternativa dentro del euro. El crecimiento relativo de nuestras exportaciones, el éxito de nuestra industria turística, de elementos automovilísticos y otras muchas demuestran que nuestro sector privado es competitivo. La frase “ no hay desempleo en los oficios”, más o menos exacta, la oímos a menudo. Lo más importante que podemos hacer con las ayudas europeas es modernizar nuestros mercados y su regulación. Cuando el actual Gobierno decide excluir las ayudas europeas de los requisitos burocráticos en vigor la contradicción es obvia: dejar sometida a un sistema ineficiente el 90% de nuestra economía, pero liberar un máximo de un 10%. Esa no puede ser una estrategia ni sostenible no ganadora.
Las ayudas y los estímulos que vienen de la UE no serán nuestra solución. No pretenden serlo. Ayudarán más a quienes los sepan aprovechar, dentro de estrategias nacionales coherentes y sostenibles; en cierto sentido a los que menos los necesitan como sucede a menudo. El país más beneficiado por los 20 años del euro ha sido Alemania. Los intereses reales no nos benefician comparativamente, aunque sean los más bajos de nuestra historia. Hasta Estados Unidos tiene intereses reales a 10 años menores que los nuestros, también con niveles de desempleo muy inferiores y de crecimiento superiores. No debemos descartar que Incluso dentro de la UE y del euro podemos descolgarnos. Será muy frustrante, nuestra sociedad reaccionará de formas muy negativas. Ya lo estamos viendo con los separatismos. La COVID 19 está poniendo a prueba el funcionamiento de nuestro sector público, como las calificaciones de la OCDE lo hacen con nuestro sistema educativo o la crisis anterior lo hizo con la calidad de nuestra regulación bancaria. Si grandes partes de nuestro tejido productivo demuestran ser competitivas, quizás el problema esté en la regulación y el funcionamiento de nuestro sector público tanto para los que lo quieren más grande como para los que no. Lo que no tenemos es mucho tiempo.

España hace 10 años tenía una sociedad relativamente igualitaria, pero una constante pérdida de riqueza ha afectado a las desigualdades. Sus coeficientes de educación y competitividad se reducen, doblando el nivel occidental de abandono escolar, su nivel de paro estructural es también el doble de la media de la zona euro, más de 4 veces el de Alemania u Holanda. Su mercado de capitales es el que peor ha reaccionado a la actual coyuntura originada por la Covid 19, exceptuando una vez más a Grecia. Nuestro crecimiento potencial no llega al 1,5% anual. Cualquiera esperaría un ambicioso programa de reformas.
En estos días finales del año es un buen momento para atender a la agenda política del próximo. ¿Qué vemos? Se ha modificado por novena vez nuestra ley de educación , pero no para atajar el fracaso escolar o el deterioro de los conocimientos matemáticos , sino para poder excluir al español del currículo escolar. Llevamos 40 años tratando de resucitar lenguas como el euskera, el gallego, varias modalidades de catalán, el bable o la fabla. En este periodo nadie en el Mundo o incluso en España ha mostrado el menor interés en aprenderlas. En las respectivas Comunidades Autónomas parece que es ahora necesario para su supervivencia la exclusión del español, la primera lengua mundial de la Unión Europea después del Brexit, la lengua extranjera más demandada en Estados Unidos. Nadie parece querer decir que con estas políticas lingüísticas lo que es seguro es la disminución de la empleabilidad de los que utilicen allí la educación pública., es decir mano de obra cautiva en un mundo global. Todo ello promovido por los partidos de izquierdas.
Otro tema que domina nuestra actualidad es que después de 8 años de pérdidas relativas de riqueza Cataluña parece que va a celebrar elecciones autonómicas en febrero bajo el tema de una independencia ilegal e imposible. Dos meses después del Brexit nada modifica el debate político catalán. Nadie se pregunta quién pagará las pensiones en un sistema de reparto. Parece no haber otro otro tema, que a su vez es aceptado por el Gobierno Central como parte de sus objetivos políticos inmediatos. Como no los efectos económicos y sociales de la pandemia están presentes en los planes españoles, se pretende que sean propietarios e inversores los que hagan » solidaria» la política del Gobierno. Es la solidaridad no la resolución de la crisis lo que centra la atención en una sociedad con más de 13 millones de personas que reciben prestaciones públicas en la actualidad. No importa la seguridad jurídica o las expectativas para la inversión o el empleo, no se identifica el crecimiento como la primera necesidad económica cuando lo que se pretende es repartir el trabajo y los salarios ya existentes. En 2008 y 2009 las autoridades españolas apostaron por evitar la crisis financiera subiendo salarios mientras la economía caía, igual que Franco en 1973 con el primer shock petrolífero. En ambos casos, España sufrió las peores consecuencias. Ahora parece que desde el Gobierno se apuesta por la misma estrategia.
La futura financiación del gasto público no es abordada pese a que los efectos de la crisis sobre la recaudación tributaria, sobre todo en el Impuesto de Sociedades, serán profundos y duraderos. La crisis anterior redujo su capacidad recaudatoria a la mitad, una importante parte de nuestra incapacidad para reducir el déficit público aún con varios años de intensos crecimientos y creación de empleo. No esperemos menos esta vez, lo que convertirá la aportación de esta figura tributaria en no más de 15.000 millones de euros anuales. No parece haber alternativas a la vista. Nuestros dos sectores más relevantes, el turismo y el automóvil están en profundas crisis. Es desde luego difícil exagerar la importancia de esta legislatura. Pero su agenda oficial está en otras prioridades. Cuando la tensión social obligue a cambiarla habremos perdido más de la mitad del tiempo. Los ciudadanos tendrán entonces muy menguada su confianza en sus dirigentes. A partir del 2023 entraremos en dos años electorales, sin margen ya para realizar nada nuevo, mucho menos exigente con los intereses creados. En verdad se está dejando la resolución de la crisis para otra legislatura con la esperanza que la Unión Europea nos compense de nuestras carencias. Estrategia a todas luces muy arriesgada.
La Audiencia Nacional ha absuelto al expresidente de Bankia, Rodrigo Rato, por la salida a Bolsa de la entidad en 2011, confirmando que Rato no incurrió en los delitos de estafa a los inversores y falsedad contable.
La sentencia de 442 páginas, confirma la versión mantenida por Rato durante todos estos años de que la salida a bolsa fue supervisada por el Banco de España, la Comisión Nacional del Mercado de Valores, el Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria y la Autoridad Bancaria Europea, destacando además que el folleto contenía información certera.
Dicha sentencia dice al respecto de la información proporcionada a los inversores: “En definitiva, la información financiera incluida en el Folleto era más que suficiente para que los inversores mayoristas y minoristas se formasen un criterio razonado sobre el valor de la compañía que se estaba ofertando, una información que había sido elaborada con la supervisión y obedeciendo a los requerimientos del Banco de España, siendo luego refrendada por la CNMV al registrar el Folleto”.
La sentencia también dice lo siguiente: "Lo que resulta evidente a todas luces es que el proceso que culminó con la salida a Bolsa de Bankia fue intensamente supervisado con éxito por el Banco de España, la CNMV, el FROB y la EBA, contando en definitiva con la aprobación de todas las instituciones"
En definitiva el folleto aportaba todo la información necesaria y obligatoria por Ley, por lo tanto no existe estafa alguna a los inversores, algo que llevaban años repitiendo algunos medios de comunicación, personajes públicos y ciudadanos particulares y que ahora se demuestra una falacia.
Rodrigo Rato también ha sido absuelto de haber formulado cuentas falsas.
La sentencia también critica las acusaciones infundadas refiriéndose a "una total ausencia del más mínimo sustento probatorio necesario para apoyar semejante acusación dirigida contra los miembros vocales del Comité de Auditoría y Cumplimiento de BFA (y también de Bankia como particularizamos más tarde). Nos parece clamorosa, puesto que no se detalla ni un solo dato que puedan conducirnos a albergar siquiera la mera creencia fundada de que estos acusados hicieron dejación de sus funciones".
Concluye con la absolución de "la totalidad de las personas físicas y jurídicas" acusadas, con "toda clase de pronunciamientos favorables".
Ocho años después, miles de horas de programas de televisión, cientos de artículos y portadas condenando día tras día a Rodrigo Rato, hoy observamos que era inocente y queda probada inequívocamente la veracidad de sus testimonios así como de los informes que presentó donde quedaba claro que en ningún momento actuó de manera indebida.